"Me Llamaba Luna" Capítulo 5
Ante mí, un edificio enorme y el nombre del
hospital. Había llegado pero aún quedaban horas para entrar al edificio y no
sabía cómo hacerlo. Yian supo entonces lo que deseaba hacer, al ver los
carteles que rodeaban el hospital, y también pudo ver la desesperación en mi
rostro. De nuevo, me guió hasta cruzar la calle y llevarnos hasta la parte
trasera sin que nadie pudiera vernos, aunque, las calles a esas horas estaban
sumamente vacías. Aun así nos escondimos para no ser vistos. Ya cubiertos con
la espesura de la noche y de unos cuantos periódicos viejos y cajas, como
vagabundos buscando refugio, vimos como personas vestidas de blanco recogían
cuerpos en el extremo de la parte trasera del edificio. Cuerpos desnudos y
metidos en agua. En ese momento Yian me dedicó su mirada de complicidad y me
quitó mi blusa poco a poco llevándome mientras hasta donde estaban remojándose
esos cuerpos. Metía sus manos por dentro de mi pantalón, mientras él también se
desprendía de su ropa deshilachada. Me tocaba sensualmente abriendo mi apetito
sexual. Cuando ya no se oía gente cerca y pudimos acercarnos más, me desnudo
completamente. Yo solo cogí el papel donde había escrito mi nombre y mi origen
y lo metí en mi boca. Yian me cargó como unos recién casados entrando por el
umbral de su casa, metiendo mi cuerpo, por completo en ese estanque, lleno de
cadáveres. Más tarde siguió él, no sin antes tirar nuestra ropa lejos del
lugar. Mientras esperamos a ser metidos en el centro hospitalario, el me
sometió de nuevo como siempre hacía, pero esta vez más suave: casi podría decir
que con amor. Acariciaba mis senos y hurgaba mi vagina con sus dedos intentándome
excitar, pero la visión de cuerpos rodeándome no era muy placentera, pero si
notaba cierto placer. Sus brazos agarraban mi espalda con sutileza haciéndome
visualizarle solo a él y no solo esos pedazos muertos que rozaban mi cara. Me
penetró suavemente haciendo que el agua se desbordara poco a poco del estanque
de plástico donde nos encontrábamos y haciendo arquearse a los compañeros
difuntos. Su mirada parecía casi temerosa, mirando hacia mi barbilla y de reojo
encontrándose con mis pupilas. Era extraño que aun en tan oscuro lugar, pudiera
ver toda aquella aterradora belleza.Se abrió la puerta y la luz nos hizo parar y
soltarnos el uno del otro.
Alguien se dirigió al estanque: miro detenidamente
y extrajo un cuerpo muy cercano a Yian. Se escucho otra voz acercándose y entre
las dos personas cargaron el montón de huesos sin vida. Se oían risas y voces
en alto hasta que se cerró de nuevo la puerta. Yian decidió no seguir con lo
que estábamos y permaneció callado sin moverse. Solo me miro y me tapo la boca con
su mano. Entendí que necesitaba y quería silencio en ese momento. Supongo para
que no nos descubrieran aquellas personas o porque tenía un plan. Pasaron más o
menos diez minutos cuando la puerta se volvió a abrir. Las dos personas
llegaron hasta donde estábamos y agarraron a Yian, haciendo que el agua se
agitara y los demás cuerpos se tumbaran encima de mí: solo vi como se alejaba
entre los muslos de un podrido anciano. Se escucharon gritos y otra persona se
unió para llevarse a Yian, debido a su corpulencia y su peso. Al cerrarse la
puerta, ansiosa, aparte los cuerpos y me puse lo más posible, al alcance de la
persona que llegara a por más cuerpos. Pasó un buen rato y la situación se
estaba empezando a poner bastante incómoda: Estaría muerta pero a nadie le
agrada estar desnuda rodeada de más de seis cuerpos sin vida rozando tu piel.
Pero por fin se abrió la dichosa puerta y de nuevo esa luz blanca que cegaba
por completo. Me agarraron por el cuello y la cintura y solo un hombre basto
para subirme a su hombro y llevarme cargando. Se detuvo un momento y me bajo de
golpe al suelo, haciéndome ver como una marioneta a los ojos de su compañero:
agarraba mi mano y agarrándome de las caderas, me giraba de un lado al otro,
como un estúpido muñeco de cartón. Su compañero con una mirada más seria creo
que le dijo que se detuviera y me volvió a cargar hasta cruzar la puerta. Ahí
me esperaba una fría camilla de acero inoxidable a la que me arrojaron con
desprecio. Me taparon con una sábana blanca hasta mi barbilla y me llevaron por
cientos de pasillos con la misma luz, hasta que llegue, a una sala gigantesca
con cientos de cuerpos cubiertos de la misma forma. Las personas se alejaron y
volvieron a por más. En ese momento abrí mi boca y extraje el papel que dormía
sobre mi lengua seca y áspera. Cerré la mano, dejando entrever un poco de dicho
papel para despertar la curiosidad de aquellas personas que nos apilaban como
una carnicería barata. No podía saber donde estaba Yian y eso me hacía sentir
muy vulnerable y temerosa de mi destino.Llegaron de nuevo aquellas personas con sus batas
blancas y sus sonrisas como si nada hubiera pasado: ajenos a la desgracia de
tantas y tantas familias que seguían buscando entre escombros un poco de
esperanza. Uno se acerco a mí y sin poder avisar a Yian, traslado mi camilla de
nuevo por esos pasillos hasta otro lugar. Al oír que la puerta se cerraba y que
ya no se oían pasos pude abrir los ojos y mirar a mí alrededor. Era una sala más
pequeña y aislada, con paredes de colores pastel, donde solo había seis cuerpos
más. Me di cuenta rápidamente porque estaba ahí. Todos los cuerpos que
reposaban en esa habitación eran parecidos a mí, quiero decir que, no eran
japoneses. Extranjeros hasta muertos. Podía reconocer a una pareja de ancianos
y a un chico negro, a los demás ya les paso factura los días desde que murieron
y estaban irreconocibles entre tanta putrefacción. Oí de nuevo pasos y volví a
reclinarme en la camilla y cerrar los ojos. La misma persona abrió la puerta y
se pudo oír un grito ensordecedor que se dirigía a la habitación donde me
encontraba. No pude escuchar más que eso y un crujir duro y contundente que provenía
de la persona. Después de eso solo pude sentir una mano rugosa que tocaba mi
cara. Abrí los ojos y ahí estaba Yian. Me levanto de la camilla y pude ver que
el crujido que antes oí era el cuello de aquella persona al partirse. Yian se había
convertido, sino lo era ya, en una bestia sedienta de lo que el inspiraba:
muerte. Me llevaba por los pasillos y todo era sangre: había mutilado,
perforado y desmembrado a cada persona que trabajaba en ese hospital. Pero, era
mi única salida: yo quería que vinieran por mí. No quería quedarme más en ese
mundo. Me llevaba por más y más pasillos sin encontrar una salida. Hizo que
soltara el papel que llevaba en tan buen recaudo con sus zarandeos. Pudimos
llegar a la puerta de salida mientras mis pies resbalaban entre la sangre de
los que Yian quito la vida. Corríamos y corríamos y cuando por fin golpeamos la
puerta de salida, en un lado de ella, cientos de personas esperando por entrar.
Yian doblo la esquina para que no nos vieran y en ese momento pude verle.
Enfundado en una gabardina negra y un sombrero negro, sosteniendo entre
lagrimas a una mujer que reconocería en cualquier lugar: era mi madre y el, era
mi novio. Yian más me alejaba del hospital y yo sentía a cada paso que mi
cuerpo cada vez pesaba más.
No sabía porque no me soltaba e iba detrás de mis
seres queridos. Estaba a punto de lograr lo que había soñado durante días y él
me lo estaba arrebatando por huir de ese lugar. No sé si era por miedo a que me
vieran así o porque supieran lo que soy ahora, pero seguí corriendo. Seguimos
corriendo por unos minutos hasta que caí al suelo fatigada. El se dirigió a mí
con actitud de agarrarme de nuevo, pero ya no podía huir más. Me levante y di
la vuelta y empecé a caminar. Yian, me agarro el hombro y me miro con expectación.
Solo separe su mano de mi hombro y seguí andando lentamente hasta el lugar
donde vi a mi familia. Me parecía un mundo llegar, ya que tenía miedo de las
reacciones de Yian. Pero por extraño que parezca, después de manotearle varias
veces, solo se puso cerca de mí y siguió mis pasos: como si hubiera entendido
que es lo que deseaba y nada me detendría. Solo quería seguir hacia adelante.
Cuando llegamos a esa calle, ya estaba cubierta por policías armados y sin
civiles cerca. Sin lamentar nada me arrodille y mire a Yian de reojo reprochándole
lo ocurrido. ¡¡¡¿Era el final?!!!: espero que no.
Un día más en callejones oscuros amarrada a la desesperación.Caminamos de nuevo por días, hasta llegar a un
gran edificio: Parecía un gran rascacielos de oficinas, repleto de grandes
ventanales donde se podía apreciar lo que había dentro de cada receptáculo. Un
muro gigantesco de cristal. Entramos sin hacer ruido y subimos unos cuantos
pisos para estar más protegidos de la vista humana, aunque fuera de noche:
nunca se sabe quien desea quitarte la vida o lo que sea que nos hace caminar y
no dejar pensar. Subimos diría que unos doce pisos y empezamos a escuchar
ruidos en la oscuridad. Nos acercamos cada vez más a ese leve sonido que se empezó
a convertir en muchos y en muchas direcciones. En una fracción de segundo, sentí
como cada sonido nos rodeaba por todas partes. En ese momento una luz del
exterior proveniente de un helicóptero, nos hizo agachar y también ver lo que teníamos
alrededor: muchísimos de nosotros nos rodeaban como hienas antes de morder la
primera pieza de carne, pero no atacaban. Nos vigilaban muy de cerca. Yo me
tumbe por completo y Yian en un tono más amenazador, solo permanecía de
cuclillas encarando a cada mirada proveniente de cada rincón. Ninguno se nos
acerco, por ahora.
Siguieron en posición sin perder la vista en su
objetivo: nosotros.
Amaneció y seguíamos rodeados, pero ya pudimos
verlos y ellos a nosotros sin temerlos tanto: había entre ellos a dos niños
refugiados en un hombre grande y corpulento como Yian. Cinco mujeres y todos
los demás eran hombres, la mayoría adolescentes con mucha hambre. Parecía que habían
pasado días sin probar bocado, cosa que me asustaba: no sabía que podrían
llegar a hacer. Yo me levante y me dirigí a la puerta ya que ya podía ver a mí
alrededor y necesitaba agua o un poco de aseo. En ese momento una de ellas me
miro y me agarro del muñón: yo solo sabía temblar del miedo que estaba pasando.
Pero para sorpresa, se levanto y me abrazo, cubriéndome la espalda llena de
girones con una manta que tenía en la mano. El miedo se me fue de un golpe y se
convirtió en tranquilidad. Yian, que miraba lo que estaba ocurriendo, dejo de
gruñir y de mirarlos desafiando y se relajo. Salí de ese lugar rodeada por
aquella mujer y me dirigí a cualquier aseo que viera en ese lugar. Era
sorprendente que en ese terror que vivíamos y que veíamos cuando nos mirábamos
al espejo, aun existiera el buen trato y los modales. Supongo que solo tenía
miedo a que alguien les arrebatara esa paz que habían encontrado.
Encontré el aseo y para colmo de buena suerte, había
agua fresca y limpia saliendo de esas tuberías aun. Me limpiaba la cara y el
cuerpo como podía, hasta que un gran gruñido proveniente de donde nos encontrábamos,
me hizo parar. Era un sonido inconfundible proveniente de la garganta de Yian. Corrí
hacia él y le vi agarrado por todos los hombres que nos rodeaban. El más
grande, se dirigió con poder hacia él y en un movimiento le partió el cuello y
le arranco su enorme cabeza dejándola caer fuertemente al suelo. Las mujeres
vinieron a por mí y me agarraron sin poder ir hacia él, mientras mis gritos y
mi furia me hacían enloquecer: ¡¡¡¿Qué había pasado en ese momento?!!!. ¡¡¡¿Qué
pudo haber echo cambiar esa cordialidad por brutalidad en tan solo unos
momentos?!!!. Pero pronto lo entendí. Yian tenía en la mano un pedazo de carne
aun sangrando y, cerca de él, reposaba en el suelo, uno de los niños que antes
estaban mirándonos con miedo. Ya eran días sin comer y creo que Yian enloqueció
y quiso comer.
No me lo podía creer. Quien me había procurado
tanto tiempo y había sido mi fiel compañero, ahora, era un carnicero voraz, y
aun peor: un carnicero muerto. Ese hombre enorme, llego a mí, y me dirigió hasta
una tabla de madera. La levanto y recogió algo del suelo: era un pañuelo
mugriento envolviendo algo. Lo abrió y contenía carne aun sangrando, la cual,
me ofreció: era deliciosa y aun jugosa y caliente, como recién robada de algún
cuerpo con vida. Lo único que pude hacer, es agacharme y abrazar sus piernas
como forma de disculpa. El, agarro mi cuello y suavemente me alzo, como
diciendo que todo estaría bien. Pero ese miedo y ese temor no se me iría
pronto.
Nos quedamos en ese lugar por unos cuantos días: teníamos
agua y alimento, así que para que arriesgar nuestra localización. De noche,
algunos, iban en busca de mas alimento por las habitaciones del gran edificio,
en silencio y sin encender ninguna luz. Solo se podían escuchar los helicópteros
y algún que otro disparo en la obscuridad. El día lo usábamos para alimentarnos
con la caza nocturna y para descansar: lobos de noche, corderos de día.
Unas horas antes de salir del edificio, uno de
ellos, encendió una televisión de bolsillo y empezó a ver las noticias: más
barbaridad, más temor para cada uno de nosotros y poca esperanza. Todos nos
reunimos alrededor del aparato, como si de una fogata en el frio se tratara. Parecía
que esa enfermedad o lo que fuera que teníamos, se estaba extendiendo por todo
el país. Miles de muertos en las calles, fusilados por los militares. Mas
familiares llorando y mas casas destruidas. Pero ante tanta desgracia, como
paso antes, algo de esperanza: las personas que buscaban a sus familiares o que
no tenían donde descansar, se hallaban en un campamento militar. Se encontraba
en el centro de Senday y debía ir hacia ese lugar. Sabía que era un terrible
riesgo pero debía ir.Esa misma noche, decidí irme por mi cuenta. Cada
minuto contaba: cada vez más gris, cada segundo me hacía desaparecer. Decidí no
avisar a nadie de ese grupo e irme sola. Ellos solo me miraron y aceptaron mi
ida. Tarde mucho en bajar esas escaleras infinitas en esa perfecta obscuridad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario