sábado, 8 de febrero de 2014

El olvido

Hoy rompiste nuestras fotos. No entiendo qué te pasa ni porque estas tan distante: te toco y te apartas; te hablo y te vas; me acuesto a tu lado y esquivas mi calor. Tu madre hoy colgó el teléfono nada más oír mi voz y tu hermana, no se digna ni a mirarme a los ojos. Yo siempre estoy a tu lado y procuro hacerte feliz. Aunque este muerto no quiero que te olvides de mí. 

jueves, 6 de febrero de 2014

Juventud desechada

¡¡¡ Mira el balón que te ha regalado tu tío!!!: le decía a su hijo mientras sacaba el cuero esférico de la bolsa. ¡¡¡ Ve a la plaza con tus amigos, corre!!!: le decía una y otra vez, mientras su hijo estaba absorto con su nueva tecnología en las manos.

Maldito Alzheimer

Solo observo y me quedo callado, mientras unas manos tocan las mías. Su mirada lagrimeante se encuentra con la mía…tan perdida. Sus labios acarician mis mejillas y una voz suave roza mis sentidos: ¡pronto volveré Papá!, y se aleja por los blancos pasillos. Confundido, por no saber quién es. Aturdido, porque nunca lo sabré.


Hermanos

Llegaba la noche y era su momento: se divertía creando escenarios escalofriantes y retorcidos a su hermano pequeño, mientras el agarraba su brazo temblando y la miraba con atención. Ella dormía y el vigilaba cada esquina de la habitación: perfecta agonía. 


Dedicado a mi hermana, que tantas noches abrió mi mente a un mundo nuevo.






sábado, 1 de febrero de 2014

"Me Llamaba Luna". Capítulo final

Al abrir la puerta de salida, corrí hasta la siguiente calle. Faltaba poco para amanecer y no quería una bala en mi cabeza. Las calles cercanas al edificio donde me encontraba hace pocas horas, eran anchas y con mucha visibilidad. Necesitaba y urgía encontrar una calle estrecha sin luces alrededor: antes siempre evitaba ese tipo de callejones y ahora eran mi válvula de escape y salvación. Escuchaba disparos no muy lejanos y me apresure hasta llegar a un aparcamiento de un centro comercial. Fui hacia los basureros y me adentre entre los cartones, ratas y comida podrida. Decidí descansar ya que la luz del sol empezaba a divisarse en el horizonte. Pasaron unas pocas horas y algo me despertó: un perro callejero estaba devorando mi piel y llegando a mis intestinos. Lo extraño es que no me dolía ni sentía nada. El hocico del perro se teñía de sangre, mientras me miraba con tranquilidad. Agarre mi intestino de su boca y tire de él para que no siguiera comiendo, pero el perro insistía tirando de él con más fuerza, como si de un juguete se tratara. Hasta que decidí lo más lógico: comer o ser comido. Agarre la cabeza del perro con fuerza y la golpee contra el suelo una y otra vez. Cuando ya estaba casi inconsciente, le mordí del cuello hasta desangrarlo. Más de un metro y medio de mi propio intestino, se deslizaba sobre el suelo. Era negro como podrido y un fuerte hedor salía de la herida que ese perro me había producido. Metí el intestino dentro de la herida y seguí devorando al can. Cuando ya solo era despojos y pelaje, me sacie de él. Apoye mi mano en la herida y seguí en el camino hacia el campamento. Ese olor ha podrido inundaba mi sentido olfativo: era repugnante y ya cubría mi cuerpo por completo e insectos se empezaban a apilar alrededor de la herida como si los hubieran llamado para el gran festín. No estaba tan lejos del centro de la ciudad así que debía encontrarlo en pocas horas.
Pero las horas se convirtieron en otro día y otro. No lo encontraba y me estaba pudriendo y secando por instantes. Una noche más y en vano: tuve que parar mi camino porque un grupo de militares estaban por la zona y estaban disparando a cualquier cosa que se movía: parecía que les empezaba a dar igual si eran personas normales o eran como yo. Vi morir a tantas personas esa noche que parecía una guerra civil.
Parecía que el creador se había olvidado de ese lugar, o el mismo infierno estaba reinando en ese lugar. Ya no sabía si lo que pisaba era el suelo o huesos esparcidos por la metralla. Aunque me había convertido en una criatura, esos hombres armados eran verdaderos asesinos en potencia. Temblaba al oír pasar los coches y furgonetas. Sabía que ese sonido podría ser el último que escuchara. Pero aun así cada vez que podía, avanzaba en mi recorrido. Unos metros más y a esconderse: que forma más horrible de existencia.
Y el ese olor no cesaba: solo me tumbaba unos cuantos minutos y ratas e insectos reptantes se acercaban para querer comerme en vida o lo que fuera que sea por lo que aun camino. Pasaron horas y de nuevo ahí estaba mi fiel amigo: el hambre. Pero ahora sabía que podría hacer: usaba ese cebo oloroso para comer lo que pudiera. En el menú de hoy: dos ratas y algo parecido a una zarigüeya. Con las ansias ya calmadas, seguí mi camino. Unos pocos metros hasta que escuche unas pisadas al final del callejón. Era un sonido rígido como el de unas botas de construcción. Me escondí detrás de una placa metálica y pude ver cuando la luz se poso sobre su casco. Era uno de ellos buscando a que poder quitarle la vida. Se acercaba más a mi situación y no veía escapatoria. El militar solo llevaba una pistola pero aun así me daría alcance rápidamente. Lo único que podía hacer era ocultarme un poco más y rezar para que no me viera. Avanzaba lentamente y pateaba cualquier caja u obstáculo que hubiera en su camino para encontrar a uno de nosotros. Mis piernas temblaban y temía que pudiera hacer cualquier movimiento que me descubriera. Paso por enfrente mía sin darse cuenta de donde estaba. Siguió hasta casi llegar a la calle hasta que algo le hizo girar su cabeza de nuevo al callejón. No sé si me pudo ver, pero tampoco le di opción: fui hacia él y le golpee con la rodilla en los testículos. Saque su casco y le golpee con él en su nuca hasta que soltó el arma y le seguí golpeando hasta hacerlo desmayar. Quise hacerlo desaparecer pero no quería que me encontraran los demás militares: Solo me lleve su arma y corrí.
 Con el arma en mis manos, solo tenía un pensamiento: el suicidio. Quitarme la vida en ese instante sería la mejor opción. Abandonada por el destino, por mis seres queridos y hasta por la vida misma. Mirarme solo me daba repulsión y lastima. Pero algo dentro de mí, quiso que buscara mi meta: ser reconocida por mi familia o mi novio y tener una despedida digna después de todo lo ocurrido hasta ahora. Pero lo que si me quedo claro es que la muerte, de la cual era su viva imagen, ya no me asustaba.
Ya no corrí más, solo caminaba escondiéndome de las luces y los pasos de los militares. Mis piernas no podían caminar más, mi estomago no dejaba de pedirme alimento y mis ojos ya no visualizaban ni las paredes que estaban a mi alrededor. Todo se volvía cada vez más obscuro y más tenebroso a cada metro que mi inútil cuerpo recorría. Aquel agujero en mi piel cada minuto se hacía más grande y cuanto más grande, más mi esencia se apagaba.
Y de nuevo, al final del camino, una luz. Esta era más cegadora que las demás. Se oían las aspas de los helicópteros como si mutilaran mis oídos. Murmullos en cada rincón: como si los ladrillos de aquella ciudad tuvieran vida propia. Temblaban los escombros y temblaba yo.Llegué como pude a esa luz y ahí me encontré con especie de campamento militar: Tiendas inmensas de campaña llenas de gente poblaban aquel lugar. En un segundo miles de armas apuntaban a mi miserable cuerpo, hasta que una voz en lo lejos destrozó mi mente con un: ¡¡¡Noooooooooooo, no disparen!!!. Una voz tan familiar que me aterró escuchar. Frente a mí aquel hombre y alrededor, otras personas: mi familia y mi novio. No se acercaban, solo se mantenían a la distancia: Los vislumbraba difusos, como una pintura inacabada. De mi madre solo escuchaba sus llantos y de mi novio solo un tímido balbuceo. ¡¡¡Luna: ¿estás bien?!!!, ¿Qué te pasó?. Quería hablar y como siempre, esa cosa áspera en mi garganta que lo impedía. Solo pude abrir los brazos en forma de cercanía pero solo él se atrevió a dar unos pasos más. En unos metros mi novio y a unos pasos miles de fusiles apuntándome. Di unos pasos y no retrocedió con lo que me avance apresuradamente a él. Lo abracé y el dejó salir sus lagrima. Levanté mi frente y le miré a los ojos:
Me miraba con pena, casi con asco y le alejé del abrazo. En ese momento, de nuevo, los militares cargaron sus armas. Miré a mis padres y a mi novio casi despidiéndome y de mi pantalón haraposo saque la pistola que arranqué de las manos de aquel joven. Lo puse en mi sien y cerré los ojos. Iba a apretar el gatillo cuando las armas de los militares dispararon al unísono: raro porque aun seguía viva y no sentí ningún dolor. Abrí los ojos y ya no vi a mi novio cerca de mí, ni a mi madre llorando. Las armas apuntaban a cientos de cuerpos que salieron de todos lados y en frente de mis ojos, saliendo del polvo de la tierra y del sonido de los disparos ahí estaba: Yian y aquellos que nos acogieron en aquellas oficinas. Como provisto de inmortalidad, se acercó y me sujetó de la cintura, llevándome por aquel de donde había salido. Antes de desaparecer entre los gritos de los armados, pude ver los cuerpos de mi familia y de mi antigua y fallecida pareja, reposando en el suelo.
Ahora somos cientos… miles, esperando a la hora de comer. Si te sigo contando esto es porque sigo en pie: desterrada de la vida pero en pie. Caminando por la tierra por donde tu pisas y que crees en harmonía. Vigilando tus movimientos entre las sombras donde no te gustaría mirar.
Lo dicho querido lector. Tu tranquilidad ahora es mi mejor arma. Antes, tal vez, negaba lo ocurrido: el mundo me quitó la vida… yo le quitaré la vida a este mundo.
No me despido de ti, querido lector…. Solo te puedo decir: hasta pronto.

lunes, 27 de enero de 2014

"Me Llamaba Luna" Capítulo 5

Ante mí, un edificio enorme y el nombre del hospital. Había llegado pero aún quedaban horas para entrar al edificio y no sabía cómo hacerlo. Yian supo entonces lo que deseaba hacer, al ver los carteles que rodeaban el hospital, y también pudo ver la desesperación en mi rostro. De nuevo, me guió hasta cruzar la calle y llevarnos hasta la parte trasera sin que nadie pudiera vernos, aunque, las calles a esas horas estaban sumamente vacías. Aun así nos escondimos para no ser vistos. Ya cubiertos con la espesura de la noche y de unos cuantos periódicos viejos y cajas, como vagabundos buscando refugio, vimos como personas vestidas de blanco recogían cuerpos en el extremo de la parte trasera del edificio. Cuerpos desnudos y metidos en agua. En ese momento Yian me dedicó su mirada de complicidad y me quitó mi blusa poco a poco llevándome mientras hasta donde estaban remojándose esos cuerpos. Metía sus manos por dentro de mi pantalón, mientras él también se desprendía de su ropa deshilachada. Me tocaba sensualmente abriendo mi apetito sexual. Cuando ya no se oía gente cerca y pudimos acercarnos más, me desnudo completamente. Yo solo cogí el papel donde había escrito mi nombre y mi origen y lo metí en mi boca. Yian me cargó como unos recién casados entrando por el umbral de su casa, metiendo mi cuerpo, por completo en ese estanque, lleno de cadáveres. Más tarde siguió él, no sin antes tirar nuestra ropa lejos del lugar. Mientras esperamos a ser metidos en el centro hospitalario, el me sometió de nuevo como siempre hacía, pero esta vez más suave: casi podría decir que con amor. Acariciaba mis senos y hurgaba mi vagina con sus dedos intentándome excitar, pero la visión de cuerpos rodeándome no era muy placentera, pero si notaba cierto placer. Sus brazos agarraban mi espalda con sutileza haciéndome visualizarle solo a él y no solo esos pedazos muertos que rozaban mi cara. Me penetró suavemente haciendo que el agua se desbordara poco a poco del estanque de plástico donde nos encontrábamos y haciendo arquearse a los compañeros difuntos. Su mirada parecía casi temerosa, mirando hacia mi barbilla y de reojo encontrándose con mis pupilas. Era extraño que aun en tan oscuro lugar, pudiera ver toda aquella aterradora belleza.Se abrió la puerta y la luz nos hizo parar y soltarnos el uno del otro.
Alguien se dirigió al estanque: miro detenidamente y extrajo un cuerpo muy cercano a Yian. Se escucho otra voz acercándose y entre las dos personas cargaron el montón de huesos sin vida. Se oían risas y voces en alto hasta que se cerró de nuevo la puerta. Yian decidió no seguir con lo que estábamos y permaneció callado sin moverse. Solo me miro y me tapo la boca con su mano. Entendí que necesitaba y quería silencio en ese momento. Supongo para que no nos descubrieran aquellas personas o porque tenía un plan. Pasaron más o menos diez minutos cuando la puerta se volvió a abrir. Las dos personas llegaron hasta donde estábamos y agarraron a Yian, haciendo que el agua se agitara y los demás cuerpos se tumbaran encima de mí: solo vi como se alejaba entre los muslos de un podrido anciano. Se escucharon gritos y otra persona se unió para llevarse a Yian, debido a su corpulencia y su peso. Al cerrarse la puerta, ansiosa, aparte los cuerpos y me puse lo más posible, al alcance de la persona que llegara a por más cuerpos. Pasó un buen rato y la situación se estaba empezando a poner bastante incómoda: Estaría muerta pero a nadie le agrada estar desnuda rodeada de más de seis cuerpos sin vida rozando tu piel. Pero por fin se abrió la dichosa puerta y de nuevo esa luz blanca que cegaba por completo. Me agarraron por el cuello y la cintura y solo un hombre basto para subirme a su hombro y llevarme cargando. Se detuvo un momento y me bajo de golpe al suelo, haciéndome ver como una marioneta a los ojos de su compañero: agarraba mi mano y agarrándome de las caderas, me giraba de un lado al otro, como un estúpido muñeco de cartón. Su compañero con una mirada más seria creo que le dijo que se detuviera y me volvió a cargar hasta cruzar la puerta. Ahí me esperaba una fría camilla de acero inoxidable a la que me arrojaron con desprecio. Me taparon con una sábana blanca hasta mi barbilla y me llevaron por cientos de pasillos con la misma luz, hasta que llegue, a una sala gigantesca con cientos de cuerpos cubiertos de la misma forma. Las personas se alejaron y volvieron a por más. En ese momento abrí mi boca y extraje el papel que dormía sobre mi lengua seca y áspera. Cerré la mano, dejando entrever un poco de dicho papel para despertar la curiosidad de aquellas personas que nos apilaban como una carnicería barata. No podía saber donde estaba Yian y eso me hacía sentir muy vulnerable y temerosa de mi destino.Llegaron de nuevo aquellas personas con sus batas blancas y sus sonrisas como si nada hubiera pasado: ajenos a la desgracia de tantas y tantas familias que seguían buscando entre escombros un poco de esperanza. Uno se acerco a mí y sin poder avisar a Yian, traslado mi camilla de nuevo por esos pasillos hasta otro lugar. Al oír que la puerta se cerraba y que ya no se oían pasos pude abrir los ojos y mirar a mí alrededor. Era una sala más pequeña y aislada, con paredes de colores pastel, donde solo había seis cuerpos más. Me di cuenta rápidamente porque estaba ahí. Todos los cuerpos que reposaban en esa habitación eran parecidos a mí, quiero decir que, no eran japoneses. Extranjeros hasta muertos. Podía reconocer a una pareja de ancianos y a un chico negro, a los demás ya les paso factura los días desde que murieron y estaban irreconocibles entre tanta putrefacción. Oí de nuevo pasos y volví a reclinarme en la camilla y cerrar los ojos. La misma persona abrió la puerta y se pudo oír un grito ensordecedor que se dirigía a la habitación donde me encontraba. No pude escuchar más que eso y un crujir duro y contundente que provenía de la persona. Después de eso solo pude sentir una mano rugosa que tocaba mi cara. Abrí los ojos y ahí estaba Yian. Me levanto de la camilla y pude ver que el crujido que antes oí era el cuello de aquella persona al partirse. Yian se había convertido, sino lo era ya, en una bestia sedienta de lo que el inspiraba: muerte. Me llevaba por los pasillos y todo era sangre: había mutilado, perforado y desmembrado a cada persona que trabajaba en ese hospital. Pero, era mi única salida: yo quería que vinieran por mí. No quería quedarme más en ese mundo. Me llevaba por más y más pasillos sin encontrar una salida. Hizo que soltara el papel que llevaba en tan buen recaudo con sus zarandeos. Pudimos llegar a la puerta de salida mientras mis pies resbalaban entre la sangre de los que Yian quito la vida. Corríamos y corríamos y cuando por fin golpeamos la puerta de salida, en un lado de ella, cientos de personas esperando por entrar. Yian doblo la esquina para que no nos vieran y en ese momento pude verle. Enfundado en una gabardina negra y un sombrero negro, sosteniendo entre lagrimas a una mujer que reconocería en cualquier lugar: era mi madre y el, era mi novio. Yian más me alejaba del hospital y yo sentía a cada paso que mi cuerpo cada vez pesaba más.
No sabía porque no me soltaba e iba detrás de mis seres queridos. Estaba a punto de lograr lo que había soñado durante días y él me lo estaba arrebatando por huir de ese lugar. No sé si era por miedo a que me vieran así o porque supieran lo que soy ahora, pero seguí corriendo. Seguimos corriendo por unos minutos hasta que caí al suelo fatigada. El se dirigió a mí con actitud de agarrarme de nuevo, pero ya no podía huir más. Me levante y di la vuelta y empecé a caminar. Yian, me agarro el hombro y me miro con expectación. Solo separe su mano de mi hombro y seguí andando lentamente hasta el lugar donde vi a mi familia. Me parecía un mundo llegar, ya que tenía miedo de las reacciones de Yian. Pero por extraño que parezca, después de manotearle varias veces, solo se puso cerca de mí y siguió mis pasos: como si hubiera entendido que es lo que deseaba y nada me detendría. Solo quería seguir hacia adelante. Cuando llegamos a esa calle, ya estaba cubierta por policías armados y sin civiles cerca. Sin lamentar nada me arrodille y mire a Yian de reojo reprochándole lo ocurrido. ¡¡¡¿Era el final?!!!: espero que no.
Un día más en callejones oscuros amarrada a la desesperación.Caminamos de nuevo por días, hasta llegar a un gran edificio: Parecía un gran rascacielos de oficinas, repleto de grandes ventanales donde se podía apreciar lo que había dentro de cada receptáculo. Un muro gigantesco de cristal. Entramos sin hacer ruido y subimos unos cuantos pisos para estar más protegidos de la vista humana, aunque fuera de noche: nunca se sabe quien desea quitarte la vida o lo que sea que nos hace caminar y no dejar pensar. Subimos diría que unos doce pisos y empezamos a escuchar ruidos en la oscuridad. Nos acercamos cada vez más a ese leve sonido que se empezó a convertir en muchos y en muchas direcciones. En una fracción de segundo, sentí como cada sonido nos rodeaba por todas partes. En ese momento una luz del exterior proveniente de un helicóptero, nos hizo agachar y también ver lo que teníamos alrededor: muchísimos de nosotros nos rodeaban como hienas antes de morder la primera pieza de carne, pero no atacaban. Nos vigilaban muy de cerca. Yo me tumbe por completo y Yian en un tono más amenazador, solo permanecía de cuclillas encarando a cada mirada proveniente de cada rincón. Ninguno se nos acerco, por ahora.
Siguieron en posición sin perder la vista en su objetivo: nosotros.
Amaneció y seguíamos rodeados, pero ya pudimos verlos y ellos a nosotros sin temerlos tanto: había entre ellos a dos niños refugiados en un hombre grande y corpulento como Yian. Cinco mujeres y todos los demás eran hombres, la mayoría adolescentes con mucha hambre. Parecía que habían pasado días sin probar bocado, cosa que me asustaba: no sabía que podrían llegar a hacer. Yo me levante y me dirigí a la puerta ya que ya podía ver a mí alrededor y necesitaba agua o un poco de aseo. En ese momento una de ellas me miro y me agarro del muñón: yo solo sabía temblar del miedo que estaba pasando. Pero para sorpresa, se levanto y me abrazo, cubriéndome la espalda llena de girones con una manta que tenía en la mano. El miedo se me fue de un golpe y se convirtió en tranquilidad. Yian, que miraba lo que estaba ocurriendo, dejo de gruñir y de mirarlos desafiando y se relajo. Salí de ese lugar rodeada por aquella mujer y me dirigí a cualquier aseo que viera en ese lugar. Era sorprendente que en ese terror que vivíamos y que veíamos cuando nos mirábamos al espejo, aun existiera el buen trato y los modales. Supongo que solo tenía miedo a que alguien les arrebatara esa paz que habían encontrado.
Encontré el aseo y para colmo de buena suerte, había agua fresca y limpia saliendo de esas tuberías aun. Me limpiaba la cara y el cuerpo como podía, hasta que un gran gruñido proveniente de donde nos encontrábamos, me hizo parar. Era un sonido inconfundible proveniente de la garganta de Yian. Corrí hacia él y le vi agarrado por todos los hombres que nos rodeaban. El más grande, se dirigió con poder hacia él y en un movimiento le partió el cuello y le arranco su enorme cabeza dejándola caer fuertemente al suelo. Las mujeres vinieron a por mí y me agarraron sin poder ir hacia él, mientras mis gritos y mi furia me hacían enloquecer: ¡¡¡¿Qué había pasado en ese momento?!!!. ¡¡¡¿Qué pudo haber echo cambiar esa cordialidad por brutalidad en tan solo unos momentos?!!!. Pero pronto lo entendí. Yian tenía en la mano un pedazo de carne aun sangrando y, cerca de él, reposaba en el suelo, uno de los niños que antes estaban mirándonos con miedo. Ya eran días sin comer y creo que Yian enloqueció y quiso comer.
No me lo podía creer. Quien me había procurado tanto tiempo y había sido mi fiel compañero, ahora, era un carnicero voraz, y aun peor: un carnicero muerto. Ese hombre enorme, llego a mí, y me dirigió hasta una tabla de madera. La levanto y recogió algo del suelo: era un pañuelo mugriento envolviendo algo. Lo abrió y contenía carne aun sangrando, la cual, me ofreció: era deliciosa y aun jugosa y caliente, como recién robada de algún cuerpo con vida. Lo único que pude hacer, es agacharme y abrazar sus piernas como forma de disculpa. El, agarro mi cuello y suavemente me alzo, como diciendo que todo estaría bien. Pero ese miedo y ese temor no se me iría pronto.
Nos quedamos en ese lugar por unos cuantos días: teníamos agua y alimento, así que para que arriesgar nuestra localización. De noche, algunos, iban en busca de mas alimento por las habitaciones del gran edificio, en silencio y sin encender ninguna luz. Solo se podían escuchar los helicópteros y algún que otro disparo en la obscuridad. El día lo usábamos para alimentarnos con la caza nocturna y para descansar: lobos de noche, corderos de día.
Unas horas antes de salir del edificio, uno de ellos, encendió una televisión de bolsillo y empezó a ver las noticias: más barbaridad, más temor para cada uno de nosotros y poca esperanza. Todos nos reunimos alrededor del aparato, como si de una fogata en el frio se tratara. Parecía que esa enfermedad o lo que fuera que teníamos, se estaba extendiendo por todo el país. Miles de muertos en las calles, fusilados por los militares. Mas familiares llorando y mas casas destruidas. Pero ante tanta desgracia, como paso antes, algo de esperanza: las personas que buscaban a sus familiares o que no tenían donde descansar, se hallaban en un campamento militar. Se encontraba en el centro de Senday y debía ir hacia ese lugar. Sabía que era un terrible riesgo pero debía ir.Esa misma noche, decidí irme por mi cuenta. Cada minuto contaba: cada vez más gris, cada segundo me hacía desaparecer. Decidí no avisar a nadie de ese grupo e irme sola. Ellos solo me miraron y aceptaron mi ida. Tarde mucho en bajar esas escaleras infinitas en esa perfecta obscuridad. 

"Me Llamaba Luna" capítulo 4

Un día más y unos cuantos kilómetros más recorridos. ¡¡¡ Por si se preguntan porque solo hablo de días y no de noches, nosotros también dormimos!!!: el cuerpo estará muerto, pero el cerebro no... Y él, estés muerto o no, siempre necesita descanso. No dormimos ocho horas como muchos mortales, pero solo porque, el hambre, nos evapora de un plumazo, hasta las peores pesadillas... hasta los sueños más reales. ¡¡¡Bueno, a lo que iba!!! Mi brazo ya no sangraba, solamente se dedicó a ser parte del horrible lienzo que se admiraba al verme. A la vista de todos, se alzaba un gran edificio, del que tenía bastantes malos recuerdos: era el hotel donde estábamos instalados mi pareja y yo antes del desastre. Estaba lleno de agentes de la ley, y en su interior, se podía oír las risas de los huéspedes, que, seguramente, no les habrían dicho nada de lo ocurrido, con tal de llevarse más monedas al bolsillo. No solo se escuchaban sus muecas de felicidad, sino, que también, se podía percibir el olor a sangre fresca, llenando mi cuerpo de hambre. En los alrededores del recinto, había más de nosotros merodeando a escondidas. Nos miraban y más se agitaban, al saber que los ganábamos en número y poder. En un abrir y cerrar de ojos, uno de ellos se acercó corriendo a la alambrada del hotel y recibió un certero disparo. Se acercó otro y lo mismo. Pero eso no los hizo decaer, ya que, en manada se acercaron, rompiendo la " irrompible" frontera, entre nosotros y la carne jugosa. Los desarmaron y los tiraron al suelo, devorándolos aun disparándolos a quemarropa. Nos dejaron en ventaja y entramos como una jauría. Cada persona que nos hacía recordar lo infelices que éramos, morían entre gritos y sufrimiento, y eso, me recordó a una de mis pocas y próximas víctimas. Recorrí el hotel, hasta llegar a la piscina, y ahí lo vi, sonriendo como antes, a los clientes. Ese que me abrió los ojos a la desdichada relación que tenía, le cobré mi sufrimiento con una buena propina. Agarré su cuello y le tiré a el agua de la piscina y, mirándole con odio, y sin esperar para hacerle sufrir más de la cuenta, le arranqué su camisa y le enterré mis desgarradas y sucias uñas en su estómago, recorriendo y rasgando cada tejido de su estómago, cubriendo los átomos de cloro con su propia sangre y, antes de que sus ojos palidecieran de muerte, agarré sus testículos y lo desmembré con tanta fuerza que pude ver cómo, hasta sus intestinos, tocaron mis sucias manos y, sin acabar aún, enterré sus gónadas en su putrefacta boca, haciéndolo morir de la forma más desquiciada. Después de esa gran satisfacción, lo único que podía pensar es en, subir las escaleras del hotel, y llegar a la habitación donde nos hospedamos. Subí lo más rápido que pude y golpeé la puerta con un extintor cercano, desplomando la seguridad. No había nadie ni nada. Ni una simple nota, ni una camiseta en el armario, pero, era normal después de tanto tiempo transcurrido. Bajé de nuevo las escaleras y salí del hotel, recostándome en la hierba que rodeaba la instalación. ¡¡¡ ¿Qué vas a hacer Luna?!!! .Me pregunté una y otra vez sin respuesta.

Mi piel más podrida. Ya no era grisácea como antes, se estaba volviendo verdosa y casi negruzcas en algunas partes de mi cuerpo. Me estaba volviendo más lenta e inútil: ya no contaba con dos brazos y mi equilibrio era fugazmente controlable. Pensaba que mis días estaban contados, pero solo era algo que no sucedía por desgracia.Pasaron varios días y aún seguíamos en los alrededores del hotel: Había demasiada comida que no podía ser desperdiciada. Mi alimento por esos días fue ese desgraciado que cambió mi vida. Lo comí lentamente y me supo delicioso. No me dolió enterarme que mi novio es homosexual, sino, que nunca me lo dijo ni me apartó de su vida cuando yo le daba todo mi amor y apoyo. Me consideraba una persona bastante abierta de mente y que podía perdonar. Me enfurecí porque me mintió y porque eligió el mejor regalo que me habían dado en mi vida, para hundirme en sollozos. Aunque, aun así, deseaba verlo y abrazarlo una vez más.Bueno, como decía, seguíamos cerca del hotel, evitando a los militares y las balas y despojando a varias personas de su vida. Mientras, unos hombres en las calles aledañas, pegaban unos papeles naranjas en la pared. No les puse atención, hasta que nos acercamos horas después. Arranqué uno de esos papeles y lo leí más de cerca e intentando traducir lo que en ellos ponía.Era un número de teléfono de cierto hospital, donde se expondrían cuerpos para poder reconocerlos y darles sepultura.No sabía dónde se localizaba el hospital pero con el número creo que podría hacer algo para saber la dirección .Aún quedaban tres días para la exposición de los cuerpos y tendría tiempo de llamar antes.  El día siguiente transcurrió con la búsqueda de móviles en el hotel. La mayoría estaban con la batería agotada y otros, empapados en sangre y destrozados a mordiscos por compañeros demasiado hambrientos. Busqué en las habitaciones, hasta que en una de ellas, encontré lo que necesitaba: Cargado y en buen estado. Solo faltaba ver si tenía saldo. Agarré el papel arrugado donde estaba el número del hospital y apreté como pude las teclas.  Como un sonido perfecto se escucharon los tonos de la llamada y suspiré profundamente. No sabéis que satisfacción sentí en ese preciso momento, que hasta las lágrimas mojaban mis mejillas. Cinco tonos y respondieron. Un buzón de voz contestaba y me preguntaba que deseaba. Pulse el botón deseado y una música, que antes me habría podido parecer odiosa y frustrante, ahora me pareció música tocada por ángeles. Tardaron más de cuatro minutos, hasta que un operador contestó a mi llamada. Me preguntó que deseaba y acerqué mi aparato infantil al micrófono del móvil. Era en japonés obviamente, pero más o menos apreté dicho artilugio diciendo esto: Deseaba saber doouunde puedouuu encountrar el houspital, para ver si algún familiar ha fallecidouu. Maldita “o” me hacía parecer estúpida o que jugaba con los sentimientos de otros. El operador, me dijo donde se encontraba el hospital y lo memoricé en los pedazos de cerebro que aún me quedaban en mi podrido cráneo. Ahora solo faltaba encontrar dicha calle en esa inmensa ciudad. El hospital era el Sendaiteishin y ahí debía ir.Después de esa noche, me volví en un saco de ansias. Hacía tiempo que no encontraba nada de luz en los días y ahora, todo eran planes en mi cabeza. Pero. ¡¡¡¿Qué haré al llegar?!!!.Eso aún estaba por ver. No sabía ni como entraría sin ser vista. No tenía ni pasaporte, así que en un papel del hotel, escribí mi nombre y mi nacionalidad lentamente, para que no pareciera que lo hubiera escrito un niño de cinco años, con problemas de epilepsia. Lo guardé en mi rasgado pantalón y proseguí mi camino y ahora iría sola.Solo podía salir de noche para que ningún humano me pudiera ver y mis esfuerzos fueran vanos, a la vez que no quería ser golpeada o muerta a manos de alguna persona. Lo malo de deambular en la oscuridad, es que los edificios todos parecían iguales. Sin alumbrado era complicado distinguir colores o nombres. Vagaba cerca de las paredes de cada edificio y lejos de calles estrechas evitando toparme con algo.Cuando el sol acariciaba las partes más altas de los edificios, buscaba basureros o casas deshabitadas para ocultarme y, desde los restos de comida podrida o edificios llenos de silencio, contemplaba la ciudad fantasma. Cuando no se oían pasos o el pánico me dejaba caminar, salía hasta la mitad de la calle para mirar mejor. Tenía tanto miedo que solo había podido recorrer en más de diez horas, tan solo unos seiscientos metros. No hallaba el dichoso hospital por ningún lugar, pero aun así no me desesperaba. Debía de seguir buscando costara lo que costara. Era mi escapatoria a tanta tragedia si es que la podía haber. No miento si digo que pensé muchas veces en decaer y tirarme a las llamas de algún edificio o ponerme en la trayectoria de alguna bala. Pero más que eso, solo quería verle a él o llegar a mi hogar, a mi país y descansar. Es raro que echara de menos a mi pareja y no a mi familia. En todo este tiempo no había pensado en mis padres ni en mi querido hermano. Tal vez, el dolor, el ego y la soberbia me pudo más que la añoranza: Morriña como dicen donde proviene mi padre. No he tocado mucho ese tema tampoco, porque esto no es una biografía, sino la historia de lo que aconteció en ese viaje. ¡¡¡¿ Deseas saber más de mí?!!!. ¡¡¡¿ No te basta con saber que me convertí en un ser despreciable e inhumano que solo desearía verte indefenso para robarte los pedazos más sabrosos de tu cuerpo?!!!. Bueno, está bien, pero lo sabréis en su momento. Mientras proseguiré con la historia si me dejáis un poco en paz.Empezó a anochecer y solo quedaban menos de veinticuatro horas para llegar. Me levanté y corrí por las calles lo más rápido que pude. Esta vez, no me detenía el miedo, solo tenía prisa. Una calle cortada y a la izquierda un callejón: justo lo que no quería. Después del callejón se entreveían luces azules y blancas. Suspiré y corrí aún más rápido y casi llegando a la luz, tropecé. Algo agarraba mi pierna y al intentar ver que me detenía, unos ojos color perla me miraban con odio. Solo se oía su sonido desgarrador que escapaba por su boca que aún no se percibía, por la oscuridad de donde nos encontrábamos. Arrastré mi cuerpo, mientras esa mirada me penetraba y su mano agarraba mi pierna, para poder alcanzar más luz y poder ver que estaba pasando con más claridad. Ahí la vi: era la mujer que siempre acompañaba a Yian, intentando paralizar mi huida. No sé si quería cobrarse todo lo que paso en el pasado pero algo tramaba. Agarré una pieza de metal que se encontraba cerca de mí y le di en su repugnante rostro, escuchando aún más alto, su odioso sonido. Golpeaba con fuerza, pero no soltaba mi pierna. ¡¡¡Maldito saco de huesos!!!. Me levanté como pude y la arrastré por el pavimento hasta que algo me freno de golpe. Yian estaba encima de la mujer, pisándola la cabeza y la espalda como si se tratará de una tabla de surf. Le miré con compasión como antes lo hice y apoyo su bota con más fuerza en el cráneo de la mujer, haciendo desfilar ante mí un gran chorro de sangre y pedazos de su masa gris. Solo con el peso de su pierna, se desprendió de su compañera. Agarró la mano que aún me sostenía y la soltó. En ese momento corrí de nuevo hacía la luz, pero en unos pocos metros de nuevo me freno. Me agarró del cuello con demasiada fuerza y me levanto del suelo haciendo notar su fuerza y poder. Giró mi cuerpo hasta mirarme a los ojos y me miró con furia. No entendía nada. Me acababa de salvar de una pelea contra su compañera y ahora me tenía equivocada con sus gestos y la fuerza de su agarre. Como pude, saqué el papel del bolsillo de mi pantalón y se lo entregué con lo que me soltó el cuello y caí con fuerza al suelo. Lo leyó e hizo una mueca en su rostro, como sonriendo. Agarró el papel y me lo lanzó a la cara con desprecio. Me agarró de la espalda y me guio por el callejón hasta llegar hasta la luz. 

domingo, 26 de enero de 2014

" Me Llamaba Luna" capítulo 3

Pasaron los días y cada día, mi cuerpo experimentaba un cambio significativo: desde pérdida de color, hasta perdida de sentimientos. Mi humanidad, se estaba desvaneciendo por cada minuto que pasaba en ese lugar...en esas circunstancias. Aún no me atrevía a arrebatar la vida de alguien, pero si disfrutaba de lo que su muerte me daba. Mi alma, ya estaba convertida en girones de crueldad. Solo podía admitir mi destino. Aunque, desde estas letras, pido disculpas, por aquellos que murieron para satisfacer mi sed: en verdad, ¡¡¡lo siento!!! La muerte, solo trae más muerte. Y yo no era quien para atraer ese tipo de desdicha a mi vida. Pero, para ser sinceros, somos la cima de la cadena alimenticia y vosotros solo sois nuestro sustento proteínico.Más días y el móvil, que un día, tras ser mojado, aún funcionaba, se apagó por completo, y con él, toda esperanza de encontrar a un ser querido. Ya no podía ser peor, ¿o sí?Quería encontrar algún tipo de comunicación con la realidad y saber que pasaba en esa ciudad. No encontraba nada en las calles: todo era periódicos antiguos y televisiones apagadas. Ni un contacto con el presente. Hasta que Yian, quiso adentrarse más en la ciudad, donde ya estaban reconstruyendo, todo lo que había destrozado aquel momento. Esa tarde, fuimos a por comida una vez más, a un pequeño barrio, casi inhabitado, pero en pie. Llegamos a una casa, donde una familia, comía sonriendo, mientras veían un programa televisivo. Yian quiso entrar por la ventana, pero yo, que aún tenía algo de cordialidad, toqué la puerta. Un niño de unos seis o siete años abrió aún con la sonrisa en la cara, y me miró, haciendo que, todo lo que en ese momento en su vida, parecía que le protegía, se nublo por completo. Llamó a sus padres y en ese momento, abrí aún más la puerta de un golpe. El niño tumbado en el suelo solo podía llorar, mientras sus padres, aún absortos por el sonido del alto volumen de su televisor, no se percataban de lo que iba a ocurrir en breves momentos. Brinqué al niño indefenso y me dirigí al salón, donde todos sonreían como títeres de una narración macabra. Mientras seguía adentrándome a la casa, dejé de oír los llantos del pequeño y solo se escuchó un breve e incisivo golpe contra un cristal. Uno de los siervos de Yian, me sobrepaso y se encargó, él solo, de la mujer y de la hija pequeña de la familia. Otro más, de un mordisco, arranco la yugular del señor, y yo, mientras, cambiaba los canales del televisor, queriendo encontrar esperanza. Cuando modulé el canal de noticias, solo hablaban de una catástrofe de un tsunami, en esa misma ciudad. Y que, dos reactores nucleares, habían tenido una significativa fuga en los núcleos, con la consecuente contaminación de las aguas cercanas. ¡¡¡Espera!!!, ¡¡¡yo no había experimentado tal cosa!!!: Yo vi algo caer a esas aguas, antes que todo el mar, se enfureciera contra mí. Seguí cambiando de canal, y hablaban de lo mismo: tsunami... tsunami...tsunami. Hasta que en un canal local, hablaba de una posible bomba, que fue tirada en el medio del mar, con la consecuente catástrofe. ¡¡¡ ¿Bomba?!!!, podría ser lo que vi. Pero la vi demasiado lejos y la reacción fue gigantesca. ¡¡¡ ¿Bomba nuclear?!!! , me parece más factible. Por eso la radiación en el mar: eso tal vez sí. Hablaban de un país que quería callar la boca a Japón y que no diré: tal vez muerta, pero no idiota. ¡¡¡Un momento!!! ¡¡¡ ¿Radiación?!!!. ¡¡¡ ¿Mi hambre y sed?!!! No creo que, esos directores de cine de terror de serie b tuvieran razón. ¡¡¡ Estaría bueno que en unos días se vea a Godzilla destrozando la ciudad!!!: ¡¡¡Nooooooooooooo, ja, ja, ja !!!. Pero, ¡¡¡¿y por qué pasa todo esto?!!!: Fácil pregunta con imposible respuesta. Seguí mirando más canales, mientras mis compañeros, desgarraban las partes blandas de cada habitante de esa casa, y en ese momento, mis ojos se llenaron de rabia. Miles de personas habían muerto en ese suceso y miles se estaban contaminando de esa radiación. Miles de personas no hallaban descanso a su dolor pero aun así, estaban levantando los escombros para rellenar esos enormes huecos en su alma. Si ese suceso tan horrible, hubiera pasado en mi país, aun estarían absortos y con todo patas arriba. Luego, una lista: lista de buscados por sus familiares y entre esos nombres, el mío. En sobreimpresión, un número al que llamar, y yo, sin poder decir palabra. Aparecían fotos de las personas desaparecidas, y en ese momento, la casa enmudeció: todos mirábamos la pantalla, y, uno a uno, se derrumbaba. Los últimos en aparecer fuimos Yian y yo: él, con una sonrisa en la foto y bastante apuesto, con tan solo veintisiete años, y yo, con la mirada al frente, sincera y altiva: preciosa, y sin que nada supiera que me fuera a ocurrir.Yian, agarró una silla y la partió contra la pantalla del televisor, gritando a las paredes y a nosotros. Como si nada importara y le gustara su situación actual: nada más lejos de la realidad, ya que, mientras gritaba, sus ojos se llenaban de lágrimas y su cuerpo temblaba de miedo. Después de ese inciso, todos nos miramos y quisimos hacer algo al respecto, aunque el hambre no cesaba. Calmar nuestro apetito se convirtió en fundamental, más que frenar y no sufrir, nuestro incansable deceso.Permanecimos en esa casa durante una semana, comiéndonos poco a poco a esa familia. En cada mordisco, se podría ver, como nosotros caíamos más y más. No había límite: cuando arrancas las entrañas de alguien que es como tú o como era yo, solo por el simple beneficio de quitarte el hambre, la decencia se funde en el infierno donde irás a parar.¡¡¡ Y ahora te digo algo a ti, que lees estas letras con confusión y hasta desprecio! nunca jamás creas que tu vida es perfecta, porque, de un momento al otro, podrías ser parte de este caos! Nada es tan frágil como la estabilidad o la felicidad. Bueno, volviendo a lo de antes: Yian, se volvió mi amante diario. Sin previo aviso, agarraba cualquier parte de mi cuerpo, y me sometía como un perro en celo. Odiaba su brusquedad, pero admito que, ser solo de uno, es mejor que te violen seis a la vez. Era su amante, pero luego, viéndolos actuar, me di cuenta que la mujer del grupo y él, tenían o habían tenido un vínculo, antes o después de que pasará el incidente que nos llevó a todos a esa cruel miseria. Por eso ella me golpeo la nuca, por eso no quería que le mirara hacerme suya, y por eso, también sus ojos de odio, cada vez que me observaba. Yo no elegí eso: él me adopto con la condición de su protección por sexo, y, en esas alturas, la verdad, es lo único que quería: no morir en manos de otros. No morir en las manos de alguien. Me salvó y no se lo debo, pero, qué bien se siente uno cuando no te pueden herir.Mientras más pasaban los días, más quería buscar a mi pareja. Aunque me hubiera hecho daño, también, era mi única luz en esa oscuridad. Buscaba la forma de hablar, de arrancar un grito con su nombre, y no salía nada, más que un balbuceo inútil. No sé si mi novio, al saber la verdad, me aceptaría. Supongo que no: yo no lo haría. Ya paso un mes y la imagen que tenía antes, defecaría al verme ahora: sin luz en mis ojos y con las pupilas más grises que negras. Con ciertas articulaciones rotas, que ya ni duelen, solo arrastro. Hasta de mi muslo, he visto salir gusanos rojizos que solo quieren salir de mi cuerpo, como ratas de un barco a punto de llenarse de muerte. Mi pelo se evaporaba cada vez más rápido, cuando antes irradiaba brillo y sensualidad .Mi corazón, ya nunca se oye, ni mis pulmones respiran.Estoy podrida y demasiado atenta a tus movimientos. Estoy seca y por eso, tengo sed.Una semana más y el que quiera que sea, me iluminó: íbamos por una calle llena de tiendas y de luz: juegos, payasos y ropa interior. Calzado, alimentos y música. Recuerdo que íbamos por las calles y escuchábamos a " THE DOORS" Y su canción que habla de la gente extraña, y nosotros arrasando los centros comerciales: me pareció cómico. En ese momento entre en una juguetería y ahí tuve esa iluminación. Había un juego para bebés, que, trataba de pulsar las teclas y te las repetía. Creo que me pareció una escapatoria, para alguien que no puede hablar en estos momentos. Estaba deteriorado: la tecla "o" se escuchaba muy robótica, como si se fueran a acabar las baterías. Pero aun así me pareció muy útil, para poder hablar por teléfono a mi país y que me entendieran. Pero, para eso, faltaría mucho, ya que en la ciudad, no observé cabinas de teléfono que funcionaran, ni teléfonos móviles que pudieran tener uso o saldo, a parte de mi móvil, que, aunque estuvo demasiado cerca de lo que paso, seguía funcionando: ¡¡¡ benditos móviles antiguos antidisturbios!!! ¡¡¡Ja, ja, ja!!!, después de todo lo que paso, y aun así: mojado, con radiación o no, y sin cargar, duró más de cinco días a pleno rendimiento. Lástima que ya se rindió. Nada dura eternamente, ni el flujo sanguíneo de mi cuerpo. Lo bueno de mi situación, era que, si tenía sed, y quería beber lo que fuera, podía beber cinco litros de whisky y ni notarlo, cuando antes, solo olerlo me daba arcadas. Solo me dejaba áspera la lengua y me daba aún más sed. Pero fuera de eso, cualquiera de vosotros no me querría en una fiesta de cumpleaños. Sed y más sed. Aunque tú tengas cinco litros de sangre en el cuerpo, no me calmarían más de una hora. Eres una simple botella cubierta de piel y despojos para mí. ¡¡¡ Uff, perdona, toda esta basura me está desquiciando y, ya casi no sé lo que digo!!!Madrugada y lloviendo, nos ocultamos en una casa abandonada, y ese día, nuestro alimento, fueron alimañas y pequeños animales que habitaban esa deshabitada morada. No había casi humanos cerca a nuestra posición. Se estaban desplazando todos para reconstruir las zonas más dañadas y nos estaban dejando sin provisiones.Eso significaba algo: el alimento, estaba disminuyendo. Nunca había visto un enfado de uno de mis compañeros, hasta ese día. Ese ser, humano, o lo que sea, arrancó un pedazo de carne seca de la mano de otro de ellos. Estaban casi enloqueciendo. Se golpearon fuertemente, hasta que uno de ellos, atravesó el cuello del oponente con una gran estaca tirada en el alojamiento. La introdujo de tal forma, que al hacer palanca, su cabeza se desprendió de los hombros y rodó hasta unos cuadros rotos tirados en el suelo, cercanos a ellos. Él decapitado, dejo de moverse en pocos segundos y, a mi sorpresa, murió. En ese momento, otra vez, la incertidumbre de ser frágil, me vino a la cabeza y temblé. Creí, que esa enfermedad que nos estaba comiendo poco a poco, también nos hacía ser en parte inmortales, pero por desgracia, seguíamos siendo carne de cañón. Ahora, tenía que vigilar a todos los que me rodeaban, cuando estaban sedientos de carne fresca o seca. El más sereno, seguía siendo Yian, que, aunque pareciera que necesitaba más comida que los demás por su físico, tenía la humildad de dar alimento, antes que proveerse a sí mismo. Nunca se le vio perder los papeles por comida. Tal vez, porque el día que quisiera disponer de nosotros, nadie podría hacer nada. Éramos presa fácil, pero yo, me sentía protegida y deseada a cada momento por él. Pero sabiendo cómo son los hombres, tal vez no debería fiarme tanto: con tal de obtener lo que quieren, arrastran a la miseria a todos. Pero sinceramente, la que suponía un riesgo, era la otra mujer, ya que cuando yo dormía, ella me olfateaba todo mi cuerpo en busca de alguna parte perceptible de mi debilidad. Qué bueno que Yian, la partiría el cuello por mí. ¿Todo lo que hice por mi belleza algún día tenía que dar sus frutos no? Ups, volví a ser egocéntrica como antes. Lo siento, ya no soy así. ¡¡¡ ¿O acaso te estoy aburriendo?¡¡¡. ¡¡¡ Supongo que sí!!! ¡¡¡ Esta historia no se trata de mi vida, ni que tan buena era en la cama verdad?!!!Sangre de un niño de cuatro años en mi boca. Lo vi pasear en la calle buscando a su padre, y me entraron ganas de quitarle el sufrimiento de la búsqueda inoportuna. Me abrazó sintiendo calma por encontrar a alguien, pero nada más alejado de la paz que buscaba. Fui rápida, casi no sufrió: le partí el cuello en un movimiento y su alma se fue por el brillo de sus ojos. ¿Crueldad?: no, salvación. Mejor cerca de mis labios, que cerca del llanto y la desdicha de no tener a nadie, como yo.Día siguiente: putrefacción de mi sueños: Antes siempre me inspiraba soñar con la libertad y ser como antes. Hoy, solo pienso en morir para hacer feliz a alguna parte de mi antigua Luna. Si es que aún existe, entre esos pensamientos desgarradores.Felicidad: Después de mucho buscar, encontramos una casa con internet que estaba en uso. Un portátil en el suelo que funciona y mi nuevo juguete de voces. Agarré el portátil, y me fui a una habitación alejada de los gritos del nuevo alimento. Como pude, puse mi email y mi contraseña y espere. Nadie conectado. Nadie conectado. Hasta que vi conectada a una de esas amigas que me hacían la vida imposible antes.LUNA: ¡Hola!.............LUNA: ¡Hola!&%&%&$: ¿Hola?&%&%&$: Quien eres?LUNA: Soy yo, Luna.&%&%&$: Luna???? Luna desaparecióLUNA: Si, me pasaron algunas cosas, pero, aquí estoy, quiero saber cómo contactar a mi novio. ¿Podrías ayudarme?&%&%&$: mmmm. ¿Es una broma? ¿Quién eres?.LUNA: Soy Luna, ¿Por qué no me crees? Sigo en Japón. Por favor, dime como contactar a mi novio................................&%&%&$: Esta broma no tiene ninguna gracia. Mi amiga Luna está declarada muerta. ¿Por qué seguís jugando con eso? DEJARLA EN PAZZZZZZZZZZZZZZZZLUNA: ¿COMO HAS DICHO? No es posible. Sigo aquí, en busca de un vuelo a mi casa.&%&%&$: No sigas jugando con eso, por favor.&%&%&$: En serio. ¿Quién eres?En ese momento le di a la tecla de video llamada y la aceptó. Tape la cámara con el dedo y vi el rostro de mi antigua amiga y sus ojos llorosos.Lentamente fui arrastrando mi dedo de la cámara hasta que me pudo ver.&%&%&$: Luna. ¿Eres tú?LUNA: ya me ves, no te mentí.&%&%&$: Acércate a la cámara, casi no te puedo ver con tanta oscuridad.Me acerqué tan solo un poco, solo para que pudiera ver mis rasgos pero no mi horrible y desgastado rostro.&%&%&$: Pon el micrófono Luna, casi no te veo y al menos quiero saber que eres tú.LUNA: Esta estropeado, lo siento.

&%&%&$: No te veo, acércate más… ¿Es una broma?Me acerqué más hasta que pudo ver algo mi rostro. Espero que no lo suficiente pero si para que se asustara.&%&%&$: ¿Qué te pasa Luna?LUNA: Tuve un pequeño accidente, pero nada que no se pueda arreglar. ¿Podrías darme el número de mi novio ahora?&%&%&$: claro que no: hasta que vea bien tu cara y sepa que eres Luna, no te lo daré. ¡¡¡Dejad de jugar por favor!!!. Luna se dio por desaparecida hace mucho.Me acerqué tanto que pudo ver completamente mi rostro.&%&%&$: Estúpidos idiotas. Como se nota que no habéis sufrido nuestra perdida. Os odio. Maldita broma de mal gusto. Si queríais asustarme con esta broma lo habéis conseguido. ¡¡¡Idiotas, idiotas, idiotas!!!&%&%&$ esta desconectada.Esto no está bien: ¡¡¡ ¿Qué está pasando?!!! No entiendo nada. No entiendo porque desistió mi búsqueda. Aún seguí conectada por si alguien estaba en su casa y decidía conectarse. Pasaron unas horas y nada. Yian vino a la habitación y pisó con fuerza el portátil, hasta que la pantalla se rompió en pedazos. Me había costado muchísimo que mis dedos pudieran introducir las letras correctas. Y él, en un suspiro, destrozó mi contacto con mi vida de antes. No es fácil, para alguien que no puede casi ni moverse, poder hacer lo que hice. Pero bueno, tal vez Yian tenía razón: para que meterme ideas así en la cabeza, si mañana iba a sufrir más, al ver que nadie me podría aceptar.Mañana siguiente, el silencio se hizo a mi alrededor. Sin explicación, Ni sonido de animales, ni el sonido de esos compañeros, que siempre me hacen ser, cada día, un animal diferente. Me sentía fría y con tanto miedo que no podía ni mirarme en el espejo. Un mechón de pelo se enredaba en mi muñeca y mis brazos se tiñeron de un color tan obscuro como las alimañas que se subían por mi ropa rasgada. Otro pasó más al crepúsculo de mis sentidos. Me estaba volviendo en una silueta tiznada en partes y llena de palidez en otras. Sin cabello apenas, sin sentimientos apenas. Mis podridas articulaciones, casi no me dejaban levantarme del suelo. Miré por la ventana con esfuerzo y de nuevo el sol golpeaba mi rostro con toda su fuerza, haciéndome pensar, que ya el verano se acercaba cada vez más, y con ello, el tiempo transcurrido en ese lugar.No sabía ya cuantas semanas o meses había pasado en ese letargo, y menos aún, quería saberlo. Salí de la casa y camine hasta quedar exhausta. Deambulé hasta que vislumbré a lo lejos una pequeña capilla. Al llegar, pude divisar que estaba desamparada, como si el ser humano, se hubiera olvidado también de tener fe. Solo había rastro de animales desmembrados y cubiertos de un olor fétido y reconocible: olían como yo. Abrí el gran portón y camine por el pasillo, hasta sentarme en el frio suelo en frente de la cruz. No sentía ganas de rezar, ni de que me perdonaran mis pecados. Solo quería saber si existía un dios que permitiera todo esto que me estaba pasando; que estaba pasando en el mundo. Al levantar mi cabeza, sentí una presencia en mi espalda, y de nuevo ese olor acompañado de unos varios sonidos graves: eran muchos y eran como yo. Se acercaron a mí hasta olerme mi cuerpo, como si lo hiciera un perro queriendo jugar. Me levanté y miré hacia atrás. La capilla se llenó por completo de esas criaturas. No Querían hacerme daño, solo querían sentarse a mi lado. Algunos estaban tan perdidos como yo, otros, se notaban notablemente molestos. Lo más triste fue, cuando una niña pequeña, se acercó a mí y abrazó mis piernas, como si aún no supiera que pasó y quisiera que la protegiera alguien: miraba solo a otra mujer y cuando miraba a los otros, me agarraba más fuerte, casi sollozando de miedo. La agarré de la mano y de nuevo crucé el pasillo silenciosamente, resbalando nuestros pies descalzos por el frio mármol blanco. Todos me observaban, algunos me seguían y otros solo me gruñían, como si quisieran que supiera quién mandaba. Salimos por la puerta, llenando la calle de muerte con nuestra presencia. Desde entonces todo cambió.Pasaron horas o días, ya no lo sé. Solo sé que éramos una plaga tan destructiva como la peor enfermedad creada por el hombre. Se dispersaban como insectos hambrientos y se volvían a sumar al grupo, horas después, con el cuerpo lleno de sangre y vísceras. Era una visión bastante bizarra de un holocausto salido de las tinieblas. Yo alimentaba a la pequeña con pedazos, aun latentes, que me traían los que días atrás, me sumaron a su enorme grupo.No había rastro de Yian y sus secuaces, y tampoco, ni una efímera búsqueda, de los que una vez, fueron mis seres queridos. Solo carteles rasgados en los muros de la ciudad, con rostros de los desaparecidos y notas, de personas buscando una salvación.

Fue un destello rápido y fugaz, y un compañero, que estaba cerca de mí, cayo derramando sangre por su cabeza y estallando su cráneo contra el suelo como una figura de cristal. Frente a nosotros, un batallón de militares cerrando la calle y embistiendo toda su ira contra nosotros. Empezaron a caer como hojas en otoño podridas. Me tiré al suelo, con la niña en mis brazos, mientras oía silbar las balas, tropezando en cuerpos moribundos. Arrastré mi cuerpo y el de ella, debajo de un pequeño coche, mientras veíamos el horror frente a nosotras. Rebotaban los proyectiles y descuartizaban lo que encontraban a su paso. Uno tras otro, eran despedazados. ¡¡¡ ¿Creen que no sentimos nada?!!!: Las bocas se abrían, intentando gritar y sin poder, solo miraban al cielo, buscando complacencia. Una certera bala, se dirigió por debajo del coche y me arrancó el antebrazo, dejando a la niña, desamparada, con mi mano agarrada de su hombro como un broche siniestro. La niña al verse desprotegida, salió, arrastrando su cuerpo, por la parte de atrás del vehículo, y, una caprichosa bala, acertó su pequeña y grisácea cabeza, fulminando su mirada, en un microsegundo. ¡¡¡NOOO!!!: gritaba mi cuerpo, pero solo silencio se escuchaba en esa calle, llena de humo, cristales y casquillos. Se acercaban más y cerré los ojos, resistiéndome a morir de nuevo. Descargaron toda la munición habida y por haber y siguieron su camino. Tardé en levantarme, ya que los disparos, se escuchaban aún en la lejanía. Yo solo podía mirar a ese pequeño cuerpo recostado entre sus miembros despedazados. Al acabar el sonido de las balas y de las botas golpeando los huesos descompuestos de mi grupo, me levanté y como yo, unos cuantos más. Uno de ellos, se acercó a mi pequeña amiga y la arrastró a el cuerpo desmembrado de la mujer, a la que la niña siempre miraba: decencia entre tanta maldita miseria. Quedamos en pie solo unos cuantos: a la vista, solo un pequeño grupo de veinte acompañantes, recorrían las calles, cuando antes, éramos más de sesenta. ¡¡¡¿Al parecer, éramos animales en extinción, a manos de los que antes, éramos nosotros?!!! 

domingo, 12 de enero de 2014

Besos

Besos y caricias siempre acaban del mismo modo... Lágrimas blancas recorriendo tu silueta. 

VOLVER

Reclinado en el asiento: de frente, una película en blanco y negro y al lado derecho, el océano. 10 horas enlatado en el hastío. Comiendo plástico en forma de verdura. Sonriendo por el reencuentro y abatido por la despedida: acumulando momentos.





viernes, 10 de enero de 2014

"Me llamaba Luna" capítulo 2

¿¿¿Qué había ocurrido??? Solo sé que desperté entre escombros detrás de un restaurante: adolorida, ya solo seguía el zumbido intenso en el oído izquierdo y sangre por todas partes. Había sombras alrededor; sombras que observaban mis movimientos: ¿serán ellos, los que me salvaron de una brutal paliza a manos de gente descontrolada?.
Quise levantarme para ir hacia ellos, pero una cadena en el cuello me lo impedía. """¡Qué clase de broma era esta!""". La cadena estaba algo suelta de la pared, así que pude liberarla y poder moverme mejor, mientras un gran peso, se vencía en mis  clavículas. Me dirigía a esas miradas, cuando algo de nuevo, tiró de mi cuello. Un hombre corpulento, sostenía la cadena de su extremo esta vez. Tenía la cara desfigurada, como si alguien, le hubiera quitado la mitad de sus músculos faciales  de un solo mordisco, casi sin ropa y descalzo, con una mirada demasiado perturbadora para mi gusto en ese momento. Quise pedir ayuda, pero de nuevo, eso de mi garganta lo impedía: ¡¡¡maldita sea!!! Mis ojos solo podían llorar y pedir piedad, cuando las sombras que acechaban en la oscuridad, empezaron a cobrar su forma al acercarse a la luz del callejón. Estaban destrozados, llenos de heridas y laceraciones: visualmente escalofriantes. Cuando llegaron hasta mí, volví a ver esa mirada, que años atrás, podía combatir con tan solo un rechazo o una mala cara. Volví a ver esa mirada lasciva que sentí olvidada hace mucho tiempo. No podía gritar, ni huir, ni ser salvada. Solo desee morir en ese momento y ellos, aun así, desearían mi piel desnuda. Yo me sentía horrible, sucia y poco deseable, pero para ellos, yo era puro deseo. Empuje a uno de ellos y tiré de la cadena para soltarme, pero no hizo ni el menor efecto. El enorme hombre que tiraba de ella, solo tuvo que hacer un débil movimiento para arrojarme al asfalto. En ese momento dos hombres y una mujer atraparon mis piernas, sin sentir ningún dolor por mis patadas en sus rostros. Agarraron mis brazos y mis piernas y me sucumbieron ante el poder de la fuerza. Ya no podía huir, solo podía cerrar los ojos y esperar que acabara rápido aquel suplicio. En un momento todos se quedaron quietos y el hombre que sostenía la cadena se acercó y como si él fuera el rey de la manada, miraba a todos, bufando como león por su último pedazo de carne. Agarro mis brazos, erosionando mis codos contra la fría piedra y simultáneamente, abriendo mis muslos con sus rodillas. Cuando ya me tenía controlada completamente, la otra mujer que estaba a su lado, rompió el pantalón del hombre que me sometía, enseñando su sexo y rompiendo toda mi ropa con esas uñas, llenas de suciedad y poder.
La mujer, ahora, acercaba su boca a mi rostro e introducía su lengua en mi oído, haciendo un ruido estremecedor, no sé si de deseo o de agonía, pero era terrorífico. Acarició mis senos mientras, hundía sus uñas en mi piel, haciéndome sangrar con bastante fluidez. Mordía mi ombligo con más fuerza que me hundía sus uñas y cuando ya se acercaba a mi pubis, el enorme hombre, la aparto de un codazo en el rostro. Ahora, le tocaba al líder aprovecharse de la horrible situación: Mordía mi cuello con fuerza mientras su sexo se introdujo salvajemente en mí. Podía notar como la sangre bajaba rápidamente hasta mis muslos por las fuertes embestidas. Creí que me iba a desmayar, cuando el hombre corpulento, paro un instante y me miró a los ojos con una serenidad plena, casi humana: como si me pidiera perdón y, aunque no fuera lógico en ese momento, me beso lentamente mientras el fuerte hedor de sus encías podridas y tendones, ya grisáceos, me rozaban los labios, con lo que solo pude hacer una cosa: vomitar. No sé si se ofendió o le gustó, pero, me miró fijamente y pude ver una leve sonrisa en su rostro antes de que me penetrara muchísimo más fuerte que antes, soltando mis brazos y agarrándome las nalgas con fuerza y moviéndome como un simple muñeco de trapo. Sentí el crujir de mi columna vertebral, mientras él, solo miraba a sus compañeros de festín. Me estaba desgarrando entera con sus meneos y sus penetraciones, hasta que hubo un silencio: su miembro empezó a sentirse menos vigoroso y su mirada más asustadiza y, en ese momento, miró a sus bufones de diversión y les dio paso a la cena servida, entre escombros y olor a sangre podrida y, no se lo pensaron dos veces. El hombre de la cadena, esta vez, eligió otro orificio cercano para resurgir su vigor y los otros, me lamian y desgarraban la piel con sus dedos en donde pudieran meterlos. La mujer opto por mi cara y se sentó encima de mi boca, obstaculizándome la visión de tan cruel pasaje. Fue un momento eterno y desagradable que por un momento, aunque desee negarlo, disfrute. Me penetraban por cualquier lado, sentí por un instante que el pene de uno de ellos, se introdujo en mi costado sin lógica alguna. Me estaban violando como chinche entre más de  seis hombres y una mujer. Sentía partes íntimas en mis pies, en mis rodillas y hasta en las axilas. Me tenían rendida a sus peticiones sexuales. Me llenaban de su hedor y de su corrupto semen. 
 La mujer, en un momento, tapó todos mis orificios para poder respirar y golpeó mi nuca contra el suelo, con lo que me desmayé. Al despertarme, de nuevo, estaba sola. Aunque la cadena, seguía en mi cuello y ahora, atada a un poste eléctrico.
Era de día, la luz me cegaba por completo y también secó la sangre de mis heridas, como un mensaje, de que todo estaría bien. Por un momento, creí, que lo que había pasado la noche anterior, solo fue, una cruel pesadilla, que mi mente me había otorgado. Pero la cadena, me recordó que no hubo liberación, ni mucho menos, un sueño placentero. ¿Qué eran esas cosas que me atacaron ayer como perros rabiosos?: no lo sé, pero lo averiguaría pronto.
Pasaron más de cinco horas y no había ni un atisbo de vida humana a mi alrededor, solo ratas buscando alimento como yo. De nuevo, de la esquina del restaurante, apareció el hombre corpulento, con una gran cabeza de ciervo en sus manos, llenando más de sangre donde me encontraba. Me miró y la puso cerca de mí, mientras las moscas llenaban las cuencas del animal por completo. Acercó sus dedos al mentón del ciervo y arrancó un pedazo de carne ofreciéndomelo. No lo dude y me lo lleve a la boca: eran ya más de 3 días sin comer nada, y mucho menos sin beber. Me pareció el bocado más rico que me he llevado a la boca. Increíblemente, el sabor de la carne cruda, estaba sumamente deliciosa. El hombre, mientras tanto, quitó la cadena de mi cuello y con el dedo índice, me indico un lugar, donde de nuevo, vi los hombres que le acompañaban en la noche anterior. Me agarró del hombro y me miró de nuevo como me miró ayer: con sutil delicadeza y dándome su confianza. Miré a su pecho y, en su camisa desgarrada, aún se percibía un nombre: Yian. Miré más fijamente y pude observar que, eran los mismos colores, que rodeaban las paredes a fuera del restaurante. Supongo que él es, o era, un trabajador de ese restaurante, pero, ¿qué le había pasado?. No entendía su rostro, sus marcas de pelea y sus ojos perdidos, casi sin color, que asomaban en la palidez de su piel. Parecía de esas películas de terror que veía en mi infancia, sobre monstruos o muertos vivientes, que, venían a la vida, por algún tipo de material radioactivo.
De verdad, daba pánico ese rostro, pero, algo en él me hacía sentir protegida. Seguí comiendo por un rato más, con unas ansias increíbles: en poco tiempo, ya estaba viendo el cráneo del animal que, antes, solo estaba lleno de cartílagos y carne jugosa. Me levanté y mis piernas no podían casi ni moverse, no había dolor, solo lentitud en mis pasos. Llegué, casi arrastrando mis piernas, hacia donde estaban los demás. Me miraron con compasión también. Como, si la noche anterior, algo les hubiera obligado a robarme el alma. Me senté con ellos y me dieron agua y algo más de alimento crudo. Cuando por fin, había recobrado el aliento, me levante con más vigor y me fui hasta la playa para asear mi cuerpo lleno de heridas y sangre, acompañado por esos extraños compañeros silenciosos.
Me quité toda la ropa y me iba a meter entre las olas cuando, vi algo que salía de mi pantalón y de lo que no me había percatado, en varios días: mi móvil estaba ahí, con muchísimas llamadas y más de veinte mensajes, todos de él. En todos decía lo mismo: ¡¡¡ ¿dónde estás?, ¿por qué no contestas mis llamadas?!!! Hasta que uno me llamó la atención, casualmente el último de ellos: ¡¡¡ volveré a casa y espero que podamos hablar!!!  ¡¡¡ ¿Se marchado y no me había esperado?, ¿me encontraba sola en ese lugar sin nadie conocido?!!!: así era. Sola, olvidada por el que me destrozó la vida y con la certeza que algo bueno no me depararía el destino. Me metí al mar, como dije. Pero, mis lágrimas cubrían más partes de mi cuerpo, que el agua salada. Estaba sumamente desesperada. La esperanza se estaba desvaneciendo a cada minuto que pasaba.
Pasaron días, y la misma rutina: comer y esconderse. Aunque un día, fue diferente, por mi desgracia. Ese día, fuimos a donde empezó todo. Donde vi esa cosa caer desde el cielo y, donde, todas las casas estaban derruidas. Nos ocultábamos entre maderas dobladas por la humedad y clavos oxidados. De nuevo, era de noche, y, de nuevo, había gente mirando entre los escombros entre llantos. Notaba, que Yian, se escondía y miraba a las personas, de forma diferente, como un depredador esperando atacar entre la confusión. De la nada, saltó entre los escombros y solo se escuchó un grito sordo, casi efímero, porque acabo en breve. Y al rato otro, y otro, mientras más compañeros se le iban sumando a su recorrido. Yo no sabía qué hacer, o que estaba pasando, hasta que divisé entre unas ramas, lo que estaba aconteciendo. De hecho si era una cacería, una cacería mortal. Estaban matando a las personas que moraban los restos de sus familiares, con tal crueldad que no podía observar ni dejar de hacerlo. Yian, se acercó a donde yo estaba, con dos cuerpos humanos en sus hombros. Uno de ellos todavía tenía espasmos por el gran mordisco que tenía en la cabeza y su respiración aún era evidente. Los tiró cerca de mí, como antes había hecho con la cabeza de ciervo y me gruñó como dándome una orden específica: come. Yo lo miré y arrastré los cuerpos con mis piernas mientras lloraba. El humano que aún seguía vivo, no dejaba de mirarme e imploraba una salida de ese tormento.

El los volvió a acercar, arrancando parte del cuello de uno y llevándoselo a la boca. No era posible que estuviera pasando eso. ¡¡¡ ¿Entonces eran como esos muertos vivientes, que antes había visto en películas antiguas de Romero???¿¿¿Eso eran?!!! Y lo peor: ¡¡¡ ¿por qué me lo ofrecía a mí?!!! En un momento que no miraba, me levanté y me escapé corriendo entre los pedazos humanos que se amontonaban a mí alrededor. ¡¡¡ No podía ser!!! En poco tiempo, Yian, me volvió a atrapar y de nuevo, los restos humanos cerca de mí. No quería morir a manos de esa bestia, así que, agarré un pedazo de muslo que sobresalía del fallecido y lo metí en mi boca sin masticar. Lo extraño es que me empezó a resultar muy atractivo ese sabor y empezó a masticar entre sufrimiento. Luego agarré otro pedazo del que aún respiraba y otro, hasta que el hambre, me hizo desbocarme en un ser infernal. Desgarrando cada pedazo de aquella persona y lo peor, es que ya no había sufrimiento ni nada parecido: solo hambre y parecía que nunca fuera a desaparecer ese sentimiento. Me sentí tan fuerte como nunca, y sin nada que me pudiera hacer daño. ¡¡¡ ¿En qué me había convertido?!!! Mi idea romántica de las cosas, me hacía pensar, que era una especie de vampiro, pero esto era algo peor y más primario. Tampoco creo que sea un animal, ni nada parecido. Pero deseo saber, que paso ese día, cuando todo acabo y empezó algo nuevo para mí. ¿Cómo lo averiguaría?: ni idea, pero era obligatorio hacerlo.

lunes, 6 de enero de 2014

HEROE

Con su capa roja y su mirada altiva. Su sonrisa de medio lado y sus músculos tan tensos como el momento. Firme, pese al viento en la cima del rascacielos. ¿Es un pájaro, es un avión? .En el suelo, un héroe de cartón  




Adiós al rey




Un minuto de silencio por el maestro: susurraban las siluetas 

Lágrimas por la magia quebrada por tanto egoísmo 

Luces apagadas 

A peter pan lo han matado

sábado, 4 de enero de 2014

"ME LLAMABA LUNA" primer capítulo

Me desperté de mal humor, con un hambre insaciable y con deseos de no despertar: era mi cumpleaños una vez más.
Hace dos semanas era una chica de las que solo en sueños se veían: pelo negro como la noche; ojos verdes sensuales y de mirada pícara; labios carnosos y siempre bien delineados; y un cuerpo que era mi mayor tesoro: después de dedicarme toda la vida a el deporte y estar en portada de revistas juveniles, me sentía orgullosa de él. No había hombre que no me mirara o me deseara. Tal vez se escuche prepotente, pero, cuando toda tu vida has sido la fijación de hombres de cualquier edad, creo que es normal aceptar quien eres. Aún así me costó muchísimo conquistar a mi pareja, ya que era difícil que un chico inteligente, culto y responsable no se desquiciara por celos o me dejara de amar por los típicos rumores que circulaban en la universidad. Yo no era unos senos o un polvo rápido en el suelo de cualquier hotel de las afueras: tenía y tengo sentimientos, aunque ahora, dudo que alguien me mire con admiración y mucho menos con amor.
Que agradable es poder expresarme sin balbucear o sin que la saliva se derrame por mi barbilla al intentar decir una sola palabra. Que sencillo poder plasmar mis pensamientos y mis recuerdos en una hoja de papel sin que se me parta una uña o un dedo, o lo que es peor, derramar este líquido rojo lleno de grumos y dolor, que llaman, fluido de la vida: ¡ja, ja, ja!, que irónico se leyó eso: vida.
Estoy muy enfadada, demasiado. ¡¿Además, incrédulo lector, te tengo que explicar que ocurre o que paso?! Para resumir diré que estoy muerta. ¡¡¡ Sí!!! ¡¡¡ Cómo le lees, estoy muertaaaaaa!!! Muerta para unos, demasiado viva para otros.
La literatura es mágica y por medio de ella lees mis pensamientos, aunque yo no desee que mires dentro de mí. Me encantaría apartar tú mirada, llena de duda, y que observaras mi infierno, para que no dudes más... pero no soy tan cruel, y sin ti, seguramente mi historia se perdería en las sombras de mi pasado. En fin, ya que no puedo hacer nada, empezaremos con mi pequeña y breve historia.
Como dije anteriormente, estudiaba en la universidad. Por la noche era monitora de fitness en un gran gimnasio de la ciudad. Vivía en una habitación del centro con dos amigas más, aunque eso no evitaba que mi novio entrara cada noche a mi cama. Por resumirlo, tenía todo lo que deseaba: buenas calificaciones, trabajo bien pagado y amor a raudales.
Un día saliendo del gimnasio, fui directa a mi tienda preferida a tomarme un café bien cargado para aguantar una noche de cine con un par de amigas que empatizaban con el género romántico: ¡¡¡ como odio esas películas!!!, pero ya hacía varias semanas que las evitaba con alguna razón estúpida. Al salir, un claxon de un coche, desvió mi mirada y ahí estaba él, sacando la cabeza por la ventanilla con un gran ramo de rosas: ¡¡¡Luna, ven, apresúrate!!! Corrí hasta su coche y abrió la puerta del copiloto. "Luna, tengo una sorpresa para ti", dijo con una sonrisa y una mirada que siempre  ponía, cuando una buena noticia me escondía entre nervios y entusiasmo. "Cierra los ojos y abre las manos". Yo sonriendo, cerré los ojos y puse las manos boca arriba, esperando alguna caja con algún regalo. Noté que algo alargado con tacto a papel tocaba las yemas de mis dedos. "¡¡¡Abre los ojos amor!!!", me dijo exaltado. Abrí los ojos y vi una hoja de papel plegada. La abrí y mis ojos se llenaron de lágrimas al ver de qué se trataba: viaje para dos personas a Japón. “¡¡¡Japón amor, Japón!!! Dijo dándome un abrazo y besándome en las mejillas. Yo llevaba años deseando conocer el continente asiático y siempre por alguna razón, se posponía. Pero esta vez no sería así. Ya llevábamos tres años juntos y me lo debía o al menos no dejaría que me dejara en esa mísera ciudad otras vacaciones. Aún estábamos en Febrero y quedaba un mes, pero la alegría me estaba volviendo loca.
Febrero fue un mes lluvioso y lleno de stress: tenía que dejarlo todo bien atado,  para que en la universidad y en el trabajo me dieran esos quince días que tanto deseaba. Trabajaba ocho horas al día y estudiaba otras siete. Necesitaba alejarme de todo aquello y vaya que lo haría. Y así fue: pasó el mes más lento de mi vida pero llegó ese soñado día. Hasta el cielo nos despedía sin lluvias y algo de calor.
Día cuatro de marzo, seis de la mañana: teníamos por delante más de dieciséis horas de viaje. Aguanté ronquidos, lloros y comidas insípidas, pero por fin llegamos. Una voz en diferido del capitán, nos comunicaba que llegábamos a Tokio, con el consecuente aplauso de la tripulación. Yo solo miré a mi novio, le di un beso nervioso y agarré mi maleta de mano, ansiosa, como niño que mira el reloj el último día de escuela, antes de las vacaciones de verano.
Y se preguntarán ustedes: ¿Por qué Japón? ¡¡¡ Bueno, querido lector!!! ¡¡¡ Estudiaba filología japonesa en la universidad!!! Mi futuro, si es que algún día lo tuve, era dedicarme al turismo en Asia oriental. Entendía bastante bien el idioma y adoraba la cultura asiática.¡¡¡ ¿Ahora entiende mi incrédulo lector?!!! Entonces prosigamos sin interrupciones.
Teníamos un tour bastante extenso por aquella gigantesca isla. Primera parada, Tokio: Una gran ciudad donde las personas solo viven para trabajar. Personas que parecían sonámbulas, con un estilo de vida casi robótico. Grandes estaciones de metro, donde, miles de personas se agolpaban, para llegar pronto a sus respectivos negocios. Edificios gigantescos y luces en cada calle, que iluminaban los rostros apagados de la juventud nipona. Me gusto esta ciudad pero me entristeció la forma de vida sin diversión. Nos quedamos dos días en esa majestuosa ciudad: todo eran risas y acercamientos cariñosos. Creo que necesitábamos salir de la monotonía y mucho más de la lejanía de la relación. Éramos uno en esos días y yo, tenía tanto que agradecerle, que se lo demostré cada segundo que pasamos juntos.
A la mañana siguiente todo se nubló extraño: él no sonreía, estaba sumido en una apatía que me dejaba con media sonrisa. No sabía si acariciarle o preguntarle qué pasaba. Tal vez era por el cansancio, ya que hoy nos iríamos de nuevo a otra ciudad. Era increíble ver tanta majestuosidad pero estábamos cansados de tanto caminar. Fuimos a tantos sitios e hicimos tantas cosas, que creí que se nos acabaría el dinero solo en ese primer trayecto del viaje. Algo imposible, ya que llevamos los ahorros de todo un año para el gran viaje. Pero bueno, como decía, en una hora nos Íbamos a “la ciudad de los árboles", Senday y su capital, Miyagi. Allí nos quedaríamos cuatro días y nos íbamos a relajar más que en Tokio. Esta vez planeamos algo mejor el recorrido y quedaba bastante tiempo para el descanso y las largas charlas entre los dos.
Llegamos a un enorme hotel y el día era el más caluroso que todos. Gracias a dios tenía una piscina y servicio "todo incluido". ¡¡¡Me encanta ser turista!!! ¡¡¡Ja, ja, ja!!! Comimos y nos tumbamos en las toallas cerca del agua fría. Ya notaba una delicada sonrisa en él y empezó a hablarme: ¡¡¡ Luna, ¿no estás harta ya de todo?!!! Un momento, espera, ¿a qué vino esa pregunta?, ¿no se lo pasaba bien conmigo?, pensé. ¡¡¡ En serio Luna, contéstame!!! ¡¡¡ ¿No estás harta de que tu vida sea siempre lo mismo?!!! Yo solo le miré, me reí y le dije: ¡¡¡ ¿has visto que día tan perfecto?, vayamos al agua!!! El camarero se acercó, nos ofreció unas bebidas y sonrió a mi novio de una forma que me dieron celos. ¡¡¡ No gracias, estamos bien así y casi ya nos vamos!!! Le dije. Mientras íbamos al hall del hotel, se divisaba como el camarero seguía mirando hacia donde estábamos. Yo me reí y le dije: ¡¡¡ tienes al camarero loco por tus huesos eh!!! Él solo miró hacia el suelo y siguió su camino sonrojado. Le seguí haciendo bromas por un rato, hasta que me respondió: ¡¡¡no tiene gracia, ¿ok?!!! Y se acostó en el sillón de la habitación. Después de esa tarde, no le volví a decir nada. Volvió la seriedad en su rostro y por consecuencia, al mío. Vimos una película echados en la cama, abrazados pero distantes. Sin dedicarnos ni una mirada de complicidad, hasta quedar dormidos, separados y dándonos la espalda.
A la mañana siguiente me desperté y me encontré sola en la cama y un mensaje en la almohada que decía: ¡te espero en la piscina, no aguantaba el calor! Me duché y bajé las escaleras hasta la piscina pero no le encontré. Fui al restaurante y tampoco. Pregunté por él en el Hall y nadie sabía nada. Así que me fui a la piscina de nuevo para esperarle. Me quedé casi dormida, cuando, con los ojos entreabiertos, le vi salir de la caseta de urgencias y me asusté. Me levanté y al intentar acercarme a él, vi como el camarero que tanto me enfureció el día anterior, salía detrás de él componiéndose su ropa de trabajo y acercándose a él.
Me acerqué más y el camarero, sin haberme visto aún, le agarró de la cintura y besó su cuello con lo que casi me desplomo. ¡¡¡Qué estaba pasándolo!!! Llegué donde se encontraban y pude llegar a oír que el camarero le agradecía aquel momento de sexo. ¡¡¡ ¿Sexo?!!!. ¿Qué estaba pasando?, ¿me dormí y es una pesadilla? Esas cosas a mí no me podían pasar: a mí no. La relación más larga que he tenido y por la que más he luchado, se evaporaba delante de mí. Me había convertido en la novia perfecta: fiel y comprensiva. La que apoyaba cada proyecto de vida que tenía su pareja. No daba crédito a lo que mis ojos habían visto.
Corrí sin mirar atrás. Tropezaba con todo: con las chicas de limpieza que salían del hotel; con personas en el hall y hasta con mi propia alma. Me notaba desvanecer a cada paso que daba. Por fin llegué a la habitación y, mientras las lágrimas caían de mis mejillas, mi ropa se agolpaba en una pequeña maleta de mano. ¡¡¡ Esto sí que no me lo esperaba!!! Grité una y otra vez. Agarré todo lo que pude y en ese momento entro él... ¿Qué haces Luna?, ¿por qué lloras? Yo, en una simple mueca de odio le dije todo, agarré mi maleta y me fui de la habitación, mientras el gritaba improperios por todo el hotel. Al salir fui hasta el primer taxi que vi a las puertas del hotel, me subí y me fui sin mirar atrás. Recorrí más de dos horas, cuando le dije al taxista que parará: ante mi cuerpo destrozado, una bella playa silenciosa y sin nadie cerca. Había llegado a Miyagi, la última parada que deseábamos ir. Me senté en la arena y solo podía sentir rabia por lo que me había pasado. Mis lágrimas no paraban de recorrer mis mejillas, haciéndome sentir más frágil que nunca. Pero en un minuto me perdí en la inmensidad del océano que había ante mí... me sentí insignificante ante tanta majestuosidad y en un abrir de ojos vi que algo caía en el horizonte... Una mancha negra caía en el mar y en cuestión de segundos el agua emergió como un gigante sifón y una nube de color blanca nublo mi vista. Solo me acuerdo que una enorme ola de calor se acercaba a mí hasta que quedé inconsciente.

Desperté al anochecer, con lo que había pasado muchas horas en el mismo lugar: estaba empapada, cubierta de arena y rodeada de peces muertos. No entendía nada pero deseaba hacerlo. Me levanté con las pocas fuerzas que me quedaban y me dirigí al centro de la ciudad. Mis ojos no podían creerlo, la ciudad estaba desolada: ni un edificio estaba en pie y solo se escuchaban alarmas de edificios y llantos de personas. ¿Qué diablos está pasando?, ¿por qué toda esta gente estaba hincada, llorando entre escombros? Algo fatal había ocurrido y no era consciente de la gravedad.
Corrí entre lamentos, tanto que me empezaron a doler las piernas. Oculté mi suciedad con una manta roja que encontré en una parada del autobús y me escondí entre la multitud del tren que iba hasta el centro de la ciudad.
Al llegar a la terminal, busqué desesperada como llegar al hotel donde nos hospedábamos y no entendí nada. Solo un zumbido incesante, penetraba mis oídos hasta mi propio cerebro, aturdiéndome. Intentaba hablar pero algo áspero tiraba de mi lengua hacia atrás y me impedía hablar. La gente me miraba extrañada y evitaban el contacto: olía mal y mi ropa estaba desgarrada.
Después de caminar hasta el cansancio vi un supermercado a lo lejos, corrí hasta el escaparate quebrado y me introduje en el local. Había poco que llevarse a la boca: la gente desesperada asaltó cada local del centro, para evitar que el hambre llegará a sus vidas. Había muchas personas dentro, metiéndose en sus ropas, todo lo que encontraban, sobre todo comida enlatada. Yo iba directa a los líquidos: tenía tanta sed, que se nublaba mí vista solo de pensar que una gota de liquido corriera por mi garganta. No había nada, ni una simple lata de refresco. Me acerqué hasta los puestos de congelados y lamí los congeladores industriales intentando encontrar pedazos de hielo que saciaran mi sed. Los restos que quedaban sabían a plástico pero al menos me dejaron agua en los labios. Luego fui corriendo hasta los envases y solo pude llevarme unas cuantas latas de atún caducado que se esparcían por el suelo.

Me senté en el suelo y al abrirlos, el olor me recordó a los peces que antes decoraban la orilla de la playa, con el color azulado de sus escamas y con el blanco del plumaje de las gaviotas que los devoraban. Muertos o no, eran comida. Pero esas latas me daban tanto asco y que tuve que desecharlas.
Al salir del local, la gente me miraba y pude entender que decían: ¡¡¡ mirad, ahí hay uno!!! No entendía el porqué de sus miradas y en un instante tres hombres con barras de metal en las manos se acercaron a mí golpeándome en la cabeza. ¡¡¡ ¿Qué estáis haciendo?, ¿Por qué me golpeáis?: pero ni una sola palabra salía de mi boca. Solo un ronco balbuceo debido a esa áspera cosa que sentía en mi boca. Me siguieron golpeando tanto que me tiraron al suelo y mis ojos se tiñeron de sangre, pero, antes que me desmayará, vi a más personas que fueron a mi ayuda. No vi nada, y casi no podía distinguir lo que pasaba: solo oía gritos.