sábado, 8 de febrero de 2014

El olvido

Hoy rompiste nuestras fotos. No entiendo qué te pasa ni porque estas tan distante: te toco y te apartas; te hablo y te vas; me acuesto a tu lado y esquivas mi calor. Tu madre hoy colgó el teléfono nada más oír mi voz y tu hermana, no se digna ni a mirarme a los ojos. Yo siempre estoy a tu lado y procuro hacerte feliz. Aunque este muerto no quiero que te olvides de mí. 

jueves, 6 de febrero de 2014

Juventud desechada

¡¡¡ Mira el balón que te ha regalado tu tío!!!: le decía a su hijo mientras sacaba el cuero esférico de la bolsa. ¡¡¡ Ve a la plaza con tus amigos, corre!!!: le decía una y otra vez, mientras su hijo estaba absorto con su nueva tecnología en las manos.

Maldito Alzheimer

Solo observo y me quedo callado, mientras unas manos tocan las mías. Su mirada lagrimeante se encuentra con la mía…tan perdida. Sus labios acarician mis mejillas y una voz suave roza mis sentidos: ¡pronto volveré Papá!, y se aleja por los blancos pasillos. Confundido, por no saber quién es. Aturdido, porque nunca lo sabré.


Hermanos

Llegaba la noche y era su momento: se divertía creando escenarios escalofriantes y retorcidos a su hermano pequeño, mientras el agarraba su brazo temblando y la miraba con atención. Ella dormía y el vigilaba cada esquina de la habitación: perfecta agonía. 


Dedicado a mi hermana, que tantas noches abrió mi mente a un mundo nuevo.






sábado, 1 de febrero de 2014

"Me Llamaba Luna". Capítulo final

Al abrir la puerta de salida, corrí hasta la siguiente calle. Faltaba poco para amanecer y no quería una bala en mi cabeza. Las calles cercanas al edificio donde me encontraba hace pocas horas, eran anchas y con mucha visibilidad. Necesitaba y urgía encontrar una calle estrecha sin luces alrededor: antes siempre evitaba ese tipo de callejones y ahora eran mi válvula de escape y salvación. Escuchaba disparos no muy lejanos y me apresure hasta llegar a un aparcamiento de un centro comercial. Fui hacia los basureros y me adentre entre los cartones, ratas y comida podrida. Decidí descansar ya que la luz del sol empezaba a divisarse en el horizonte. Pasaron unas pocas horas y algo me despertó: un perro callejero estaba devorando mi piel y llegando a mis intestinos. Lo extraño es que no me dolía ni sentía nada. El hocico del perro se teñía de sangre, mientras me miraba con tranquilidad. Agarre mi intestino de su boca y tire de él para que no siguiera comiendo, pero el perro insistía tirando de él con más fuerza, como si de un juguete se tratara. Hasta que decidí lo más lógico: comer o ser comido. Agarre la cabeza del perro con fuerza y la golpee contra el suelo una y otra vez. Cuando ya estaba casi inconsciente, le mordí del cuello hasta desangrarlo. Más de un metro y medio de mi propio intestino, se deslizaba sobre el suelo. Era negro como podrido y un fuerte hedor salía de la herida que ese perro me había producido. Metí el intestino dentro de la herida y seguí devorando al can. Cuando ya solo era despojos y pelaje, me sacie de él. Apoye mi mano en la herida y seguí en el camino hacia el campamento. Ese olor ha podrido inundaba mi sentido olfativo: era repugnante y ya cubría mi cuerpo por completo e insectos se empezaban a apilar alrededor de la herida como si los hubieran llamado para el gran festín. No estaba tan lejos del centro de la ciudad así que debía encontrarlo en pocas horas.
Pero las horas se convirtieron en otro día y otro. No lo encontraba y me estaba pudriendo y secando por instantes. Una noche más y en vano: tuve que parar mi camino porque un grupo de militares estaban por la zona y estaban disparando a cualquier cosa que se movía: parecía que les empezaba a dar igual si eran personas normales o eran como yo. Vi morir a tantas personas esa noche que parecía una guerra civil.
Parecía que el creador se había olvidado de ese lugar, o el mismo infierno estaba reinando en ese lugar. Ya no sabía si lo que pisaba era el suelo o huesos esparcidos por la metralla. Aunque me había convertido en una criatura, esos hombres armados eran verdaderos asesinos en potencia. Temblaba al oír pasar los coches y furgonetas. Sabía que ese sonido podría ser el último que escuchara. Pero aun así cada vez que podía, avanzaba en mi recorrido. Unos metros más y a esconderse: que forma más horrible de existencia.
Y el ese olor no cesaba: solo me tumbaba unos cuantos minutos y ratas e insectos reptantes se acercaban para querer comerme en vida o lo que fuera que sea por lo que aun camino. Pasaron horas y de nuevo ahí estaba mi fiel amigo: el hambre. Pero ahora sabía que podría hacer: usaba ese cebo oloroso para comer lo que pudiera. En el menú de hoy: dos ratas y algo parecido a una zarigüeya. Con las ansias ya calmadas, seguí mi camino. Unos pocos metros hasta que escuche unas pisadas al final del callejón. Era un sonido rígido como el de unas botas de construcción. Me escondí detrás de una placa metálica y pude ver cuando la luz se poso sobre su casco. Era uno de ellos buscando a que poder quitarle la vida. Se acercaba más a mi situación y no veía escapatoria. El militar solo llevaba una pistola pero aun así me daría alcance rápidamente. Lo único que podía hacer era ocultarme un poco más y rezar para que no me viera. Avanzaba lentamente y pateaba cualquier caja u obstáculo que hubiera en su camino para encontrar a uno de nosotros. Mis piernas temblaban y temía que pudiera hacer cualquier movimiento que me descubriera. Paso por enfrente mía sin darse cuenta de donde estaba. Siguió hasta casi llegar a la calle hasta que algo le hizo girar su cabeza de nuevo al callejón. No sé si me pudo ver, pero tampoco le di opción: fui hacia él y le golpee con la rodilla en los testículos. Saque su casco y le golpee con él en su nuca hasta que soltó el arma y le seguí golpeando hasta hacerlo desmayar. Quise hacerlo desaparecer pero no quería que me encontraran los demás militares: Solo me lleve su arma y corrí.
 Con el arma en mis manos, solo tenía un pensamiento: el suicidio. Quitarme la vida en ese instante sería la mejor opción. Abandonada por el destino, por mis seres queridos y hasta por la vida misma. Mirarme solo me daba repulsión y lastima. Pero algo dentro de mí, quiso que buscara mi meta: ser reconocida por mi familia o mi novio y tener una despedida digna después de todo lo ocurrido hasta ahora. Pero lo que si me quedo claro es que la muerte, de la cual era su viva imagen, ya no me asustaba.
Ya no corrí más, solo caminaba escondiéndome de las luces y los pasos de los militares. Mis piernas no podían caminar más, mi estomago no dejaba de pedirme alimento y mis ojos ya no visualizaban ni las paredes que estaban a mi alrededor. Todo se volvía cada vez más obscuro y más tenebroso a cada metro que mi inútil cuerpo recorría. Aquel agujero en mi piel cada minuto se hacía más grande y cuanto más grande, más mi esencia se apagaba.
Y de nuevo, al final del camino, una luz. Esta era más cegadora que las demás. Se oían las aspas de los helicópteros como si mutilaran mis oídos. Murmullos en cada rincón: como si los ladrillos de aquella ciudad tuvieran vida propia. Temblaban los escombros y temblaba yo.Llegué como pude a esa luz y ahí me encontré con especie de campamento militar: Tiendas inmensas de campaña llenas de gente poblaban aquel lugar. En un segundo miles de armas apuntaban a mi miserable cuerpo, hasta que una voz en lo lejos destrozó mi mente con un: ¡¡¡Noooooooooooo, no disparen!!!. Una voz tan familiar que me aterró escuchar. Frente a mí aquel hombre y alrededor, otras personas: mi familia y mi novio. No se acercaban, solo se mantenían a la distancia: Los vislumbraba difusos, como una pintura inacabada. De mi madre solo escuchaba sus llantos y de mi novio solo un tímido balbuceo. ¡¡¡Luna: ¿estás bien?!!!, ¿Qué te pasó?. Quería hablar y como siempre, esa cosa áspera en mi garganta que lo impedía. Solo pude abrir los brazos en forma de cercanía pero solo él se atrevió a dar unos pasos más. En unos metros mi novio y a unos pasos miles de fusiles apuntándome. Di unos pasos y no retrocedió con lo que me avance apresuradamente a él. Lo abracé y el dejó salir sus lagrima. Levanté mi frente y le miré a los ojos:
Me miraba con pena, casi con asco y le alejé del abrazo. En ese momento, de nuevo, los militares cargaron sus armas. Miré a mis padres y a mi novio casi despidiéndome y de mi pantalón haraposo saque la pistola que arranqué de las manos de aquel joven. Lo puse en mi sien y cerré los ojos. Iba a apretar el gatillo cuando las armas de los militares dispararon al unísono: raro porque aun seguía viva y no sentí ningún dolor. Abrí los ojos y ya no vi a mi novio cerca de mí, ni a mi madre llorando. Las armas apuntaban a cientos de cuerpos que salieron de todos lados y en frente de mis ojos, saliendo del polvo de la tierra y del sonido de los disparos ahí estaba: Yian y aquellos que nos acogieron en aquellas oficinas. Como provisto de inmortalidad, se acercó y me sujetó de la cintura, llevándome por aquel de donde había salido. Antes de desaparecer entre los gritos de los armados, pude ver los cuerpos de mi familia y de mi antigua y fallecida pareja, reposando en el suelo.
Ahora somos cientos… miles, esperando a la hora de comer. Si te sigo contando esto es porque sigo en pie: desterrada de la vida pero en pie. Caminando por la tierra por donde tu pisas y que crees en harmonía. Vigilando tus movimientos entre las sombras donde no te gustaría mirar.
Lo dicho querido lector. Tu tranquilidad ahora es mi mejor arma. Antes, tal vez, negaba lo ocurrido: el mundo me quitó la vida… yo le quitaré la vida a este mundo.
No me despido de ti, querido lector…. Solo te puedo decir: hasta pronto.

lunes, 27 de enero de 2014

"Me Llamaba Luna" Capítulo 5

Ante mí, un edificio enorme y el nombre del hospital. Había llegado pero aún quedaban horas para entrar al edificio y no sabía cómo hacerlo. Yian supo entonces lo que deseaba hacer, al ver los carteles que rodeaban el hospital, y también pudo ver la desesperación en mi rostro. De nuevo, me guió hasta cruzar la calle y llevarnos hasta la parte trasera sin que nadie pudiera vernos, aunque, las calles a esas horas estaban sumamente vacías. Aun así nos escondimos para no ser vistos. Ya cubiertos con la espesura de la noche y de unos cuantos periódicos viejos y cajas, como vagabundos buscando refugio, vimos como personas vestidas de blanco recogían cuerpos en el extremo de la parte trasera del edificio. Cuerpos desnudos y metidos en agua. En ese momento Yian me dedicó su mirada de complicidad y me quitó mi blusa poco a poco llevándome mientras hasta donde estaban remojándose esos cuerpos. Metía sus manos por dentro de mi pantalón, mientras él también se desprendía de su ropa deshilachada. Me tocaba sensualmente abriendo mi apetito sexual. Cuando ya no se oía gente cerca y pudimos acercarnos más, me desnudo completamente. Yo solo cogí el papel donde había escrito mi nombre y mi origen y lo metí en mi boca. Yian me cargó como unos recién casados entrando por el umbral de su casa, metiendo mi cuerpo, por completo en ese estanque, lleno de cadáveres. Más tarde siguió él, no sin antes tirar nuestra ropa lejos del lugar. Mientras esperamos a ser metidos en el centro hospitalario, el me sometió de nuevo como siempre hacía, pero esta vez más suave: casi podría decir que con amor. Acariciaba mis senos y hurgaba mi vagina con sus dedos intentándome excitar, pero la visión de cuerpos rodeándome no era muy placentera, pero si notaba cierto placer. Sus brazos agarraban mi espalda con sutileza haciéndome visualizarle solo a él y no solo esos pedazos muertos que rozaban mi cara. Me penetró suavemente haciendo que el agua se desbordara poco a poco del estanque de plástico donde nos encontrábamos y haciendo arquearse a los compañeros difuntos. Su mirada parecía casi temerosa, mirando hacia mi barbilla y de reojo encontrándose con mis pupilas. Era extraño que aun en tan oscuro lugar, pudiera ver toda aquella aterradora belleza.Se abrió la puerta y la luz nos hizo parar y soltarnos el uno del otro.
Alguien se dirigió al estanque: miro detenidamente y extrajo un cuerpo muy cercano a Yian. Se escucho otra voz acercándose y entre las dos personas cargaron el montón de huesos sin vida. Se oían risas y voces en alto hasta que se cerró de nuevo la puerta. Yian decidió no seguir con lo que estábamos y permaneció callado sin moverse. Solo me miro y me tapo la boca con su mano. Entendí que necesitaba y quería silencio en ese momento. Supongo para que no nos descubrieran aquellas personas o porque tenía un plan. Pasaron más o menos diez minutos cuando la puerta se volvió a abrir. Las dos personas llegaron hasta donde estábamos y agarraron a Yian, haciendo que el agua se agitara y los demás cuerpos se tumbaran encima de mí: solo vi como se alejaba entre los muslos de un podrido anciano. Se escucharon gritos y otra persona se unió para llevarse a Yian, debido a su corpulencia y su peso. Al cerrarse la puerta, ansiosa, aparte los cuerpos y me puse lo más posible, al alcance de la persona que llegara a por más cuerpos. Pasó un buen rato y la situación se estaba empezando a poner bastante incómoda: Estaría muerta pero a nadie le agrada estar desnuda rodeada de más de seis cuerpos sin vida rozando tu piel. Pero por fin se abrió la dichosa puerta y de nuevo esa luz blanca que cegaba por completo. Me agarraron por el cuello y la cintura y solo un hombre basto para subirme a su hombro y llevarme cargando. Se detuvo un momento y me bajo de golpe al suelo, haciéndome ver como una marioneta a los ojos de su compañero: agarraba mi mano y agarrándome de las caderas, me giraba de un lado al otro, como un estúpido muñeco de cartón. Su compañero con una mirada más seria creo que le dijo que se detuviera y me volvió a cargar hasta cruzar la puerta. Ahí me esperaba una fría camilla de acero inoxidable a la que me arrojaron con desprecio. Me taparon con una sábana blanca hasta mi barbilla y me llevaron por cientos de pasillos con la misma luz, hasta que llegue, a una sala gigantesca con cientos de cuerpos cubiertos de la misma forma. Las personas se alejaron y volvieron a por más. En ese momento abrí mi boca y extraje el papel que dormía sobre mi lengua seca y áspera. Cerré la mano, dejando entrever un poco de dicho papel para despertar la curiosidad de aquellas personas que nos apilaban como una carnicería barata. No podía saber donde estaba Yian y eso me hacía sentir muy vulnerable y temerosa de mi destino.Llegaron de nuevo aquellas personas con sus batas blancas y sus sonrisas como si nada hubiera pasado: ajenos a la desgracia de tantas y tantas familias que seguían buscando entre escombros un poco de esperanza. Uno se acerco a mí y sin poder avisar a Yian, traslado mi camilla de nuevo por esos pasillos hasta otro lugar. Al oír que la puerta se cerraba y que ya no se oían pasos pude abrir los ojos y mirar a mí alrededor. Era una sala más pequeña y aislada, con paredes de colores pastel, donde solo había seis cuerpos más. Me di cuenta rápidamente porque estaba ahí. Todos los cuerpos que reposaban en esa habitación eran parecidos a mí, quiero decir que, no eran japoneses. Extranjeros hasta muertos. Podía reconocer a una pareja de ancianos y a un chico negro, a los demás ya les paso factura los días desde que murieron y estaban irreconocibles entre tanta putrefacción. Oí de nuevo pasos y volví a reclinarme en la camilla y cerrar los ojos. La misma persona abrió la puerta y se pudo oír un grito ensordecedor que se dirigía a la habitación donde me encontraba. No pude escuchar más que eso y un crujir duro y contundente que provenía de la persona. Después de eso solo pude sentir una mano rugosa que tocaba mi cara. Abrí los ojos y ahí estaba Yian. Me levanto de la camilla y pude ver que el crujido que antes oí era el cuello de aquella persona al partirse. Yian se había convertido, sino lo era ya, en una bestia sedienta de lo que el inspiraba: muerte. Me llevaba por los pasillos y todo era sangre: había mutilado, perforado y desmembrado a cada persona que trabajaba en ese hospital. Pero, era mi única salida: yo quería que vinieran por mí. No quería quedarme más en ese mundo. Me llevaba por más y más pasillos sin encontrar una salida. Hizo que soltara el papel que llevaba en tan buen recaudo con sus zarandeos. Pudimos llegar a la puerta de salida mientras mis pies resbalaban entre la sangre de los que Yian quito la vida. Corríamos y corríamos y cuando por fin golpeamos la puerta de salida, en un lado de ella, cientos de personas esperando por entrar. Yian doblo la esquina para que no nos vieran y en ese momento pude verle. Enfundado en una gabardina negra y un sombrero negro, sosteniendo entre lagrimas a una mujer que reconocería en cualquier lugar: era mi madre y el, era mi novio. Yian más me alejaba del hospital y yo sentía a cada paso que mi cuerpo cada vez pesaba más.
No sabía porque no me soltaba e iba detrás de mis seres queridos. Estaba a punto de lograr lo que había soñado durante días y él me lo estaba arrebatando por huir de ese lugar. No sé si era por miedo a que me vieran así o porque supieran lo que soy ahora, pero seguí corriendo. Seguimos corriendo por unos minutos hasta que caí al suelo fatigada. El se dirigió a mí con actitud de agarrarme de nuevo, pero ya no podía huir más. Me levante y di la vuelta y empecé a caminar. Yian, me agarro el hombro y me miro con expectación. Solo separe su mano de mi hombro y seguí andando lentamente hasta el lugar donde vi a mi familia. Me parecía un mundo llegar, ya que tenía miedo de las reacciones de Yian. Pero por extraño que parezca, después de manotearle varias veces, solo se puso cerca de mí y siguió mis pasos: como si hubiera entendido que es lo que deseaba y nada me detendría. Solo quería seguir hacia adelante. Cuando llegamos a esa calle, ya estaba cubierta por policías armados y sin civiles cerca. Sin lamentar nada me arrodille y mire a Yian de reojo reprochándole lo ocurrido. ¡¡¡¿Era el final?!!!: espero que no.
Un día más en callejones oscuros amarrada a la desesperación.Caminamos de nuevo por días, hasta llegar a un gran edificio: Parecía un gran rascacielos de oficinas, repleto de grandes ventanales donde se podía apreciar lo que había dentro de cada receptáculo. Un muro gigantesco de cristal. Entramos sin hacer ruido y subimos unos cuantos pisos para estar más protegidos de la vista humana, aunque fuera de noche: nunca se sabe quien desea quitarte la vida o lo que sea que nos hace caminar y no dejar pensar. Subimos diría que unos doce pisos y empezamos a escuchar ruidos en la oscuridad. Nos acercamos cada vez más a ese leve sonido que se empezó a convertir en muchos y en muchas direcciones. En una fracción de segundo, sentí como cada sonido nos rodeaba por todas partes. En ese momento una luz del exterior proveniente de un helicóptero, nos hizo agachar y también ver lo que teníamos alrededor: muchísimos de nosotros nos rodeaban como hienas antes de morder la primera pieza de carne, pero no atacaban. Nos vigilaban muy de cerca. Yo me tumbe por completo y Yian en un tono más amenazador, solo permanecía de cuclillas encarando a cada mirada proveniente de cada rincón. Ninguno se nos acerco, por ahora.
Siguieron en posición sin perder la vista en su objetivo: nosotros.
Amaneció y seguíamos rodeados, pero ya pudimos verlos y ellos a nosotros sin temerlos tanto: había entre ellos a dos niños refugiados en un hombre grande y corpulento como Yian. Cinco mujeres y todos los demás eran hombres, la mayoría adolescentes con mucha hambre. Parecía que habían pasado días sin probar bocado, cosa que me asustaba: no sabía que podrían llegar a hacer. Yo me levante y me dirigí a la puerta ya que ya podía ver a mí alrededor y necesitaba agua o un poco de aseo. En ese momento una de ellas me miro y me agarro del muñón: yo solo sabía temblar del miedo que estaba pasando. Pero para sorpresa, se levanto y me abrazo, cubriéndome la espalda llena de girones con una manta que tenía en la mano. El miedo se me fue de un golpe y se convirtió en tranquilidad. Yian, que miraba lo que estaba ocurriendo, dejo de gruñir y de mirarlos desafiando y se relajo. Salí de ese lugar rodeada por aquella mujer y me dirigí a cualquier aseo que viera en ese lugar. Era sorprendente que en ese terror que vivíamos y que veíamos cuando nos mirábamos al espejo, aun existiera el buen trato y los modales. Supongo que solo tenía miedo a que alguien les arrebatara esa paz que habían encontrado.
Encontré el aseo y para colmo de buena suerte, había agua fresca y limpia saliendo de esas tuberías aun. Me limpiaba la cara y el cuerpo como podía, hasta que un gran gruñido proveniente de donde nos encontrábamos, me hizo parar. Era un sonido inconfundible proveniente de la garganta de Yian. Corrí hacia él y le vi agarrado por todos los hombres que nos rodeaban. El más grande, se dirigió con poder hacia él y en un movimiento le partió el cuello y le arranco su enorme cabeza dejándola caer fuertemente al suelo. Las mujeres vinieron a por mí y me agarraron sin poder ir hacia él, mientras mis gritos y mi furia me hacían enloquecer: ¡¡¡¿Qué había pasado en ese momento?!!!. ¡¡¡¿Qué pudo haber echo cambiar esa cordialidad por brutalidad en tan solo unos momentos?!!!. Pero pronto lo entendí. Yian tenía en la mano un pedazo de carne aun sangrando y, cerca de él, reposaba en el suelo, uno de los niños que antes estaban mirándonos con miedo. Ya eran días sin comer y creo que Yian enloqueció y quiso comer.
No me lo podía creer. Quien me había procurado tanto tiempo y había sido mi fiel compañero, ahora, era un carnicero voraz, y aun peor: un carnicero muerto. Ese hombre enorme, llego a mí, y me dirigió hasta una tabla de madera. La levanto y recogió algo del suelo: era un pañuelo mugriento envolviendo algo. Lo abrió y contenía carne aun sangrando, la cual, me ofreció: era deliciosa y aun jugosa y caliente, como recién robada de algún cuerpo con vida. Lo único que pude hacer, es agacharme y abrazar sus piernas como forma de disculpa. El, agarro mi cuello y suavemente me alzo, como diciendo que todo estaría bien. Pero ese miedo y ese temor no se me iría pronto.
Nos quedamos en ese lugar por unos cuantos días: teníamos agua y alimento, así que para que arriesgar nuestra localización. De noche, algunos, iban en busca de mas alimento por las habitaciones del gran edificio, en silencio y sin encender ninguna luz. Solo se podían escuchar los helicópteros y algún que otro disparo en la obscuridad. El día lo usábamos para alimentarnos con la caza nocturna y para descansar: lobos de noche, corderos de día.
Unas horas antes de salir del edificio, uno de ellos, encendió una televisión de bolsillo y empezó a ver las noticias: más barbaridad, más temor para cada uno de nosotros y poca esperanza. Todos nos reunimos alrededor del aparato, como si de una fogata en el frio se tratara. Parecía que esa enfermedad o lo que fuera que teníamos, se estaba extendiendo por todo el país. Miles de muertos en las calles, fusilados por los militares. Mas familiares llorando y mas casas destruidas. Pero ante tanta desgracia, como paso antes, algo de esperanza: las personas que buscaban a sus familiares o que no tenían donde descansar, se hallaban en un campamento militar. Se encontraba en el centro de Senday y debía ir hacia ese lugar. Sabía que era un terrible riesgo pero debía ir.Esa misma noche, decidí irme por mi cuenta. Cada minuto contaba: cada vez más gris, cada segundo me hacía desaparecer. Decidí no avisar a nadie de ese grupo e irme sola. Ellos solo me miraron y aceptaron mi ida. Tarde mucho en bajar esas escaleras infinitas en esa perfecta obscuridad. 

"Me Llamaba Luna" capítulo 4

Un día más y unos cuantos kilómetros más recorridos. ¡¡¡ Por si se preguntan porque solo hablo de días y no de noches, nosotros también dormimos!!!: el cuerpo estará muerto, pero el cerebro no... Y él, estés muerto o no, siempre necesita descanso. No dormimos ocho horas como muchos mortales, pero solo porque, el hambre, nos evapora de un plumazo, hasta las peores pesadillas... hasta los sueños más reales. ¡¡¡Bueno, a lo que iba!!! Mi brazo ya no sangraba, solamente se dedicó a ser parte del horrible lienzo que se admiraba al verme. A la vista de todos, se alzaba un gran edificio, del que tenía bastantes malos recuerdos: era el hotel donde estábamos instalados mi pareja y yo antes del desastre. Estaba lleno de agentes de la ley, y en su interior, se podía oír las risas de los huéspedes, que, seguramente, no les habrían dicho nada de lo ocurrido, con tal de llevarse más monedas al bolsillo. No solo se escuchaban sus muecas de felicidad, sino, que también, se podía percibir el olor a sangre fresca, llenando mi cuerpo de hambre. En los alrededores del recinto, había más de nosotros merodeando a escondidas. Nos miraban y más se agitaban, al saber que los ganábamos en número y poder. En un abrir y cerrar de ojos, uno de ellos se acercó corriendo a la alambrada del hotel y recibió un certero disparo. Se acercó otro y lo mismo. Pero eso no los hizo decaer, ya que, en manada se acercaron, rompiendo la " irrompible" frontera, entre nosotros y la carne jugosa. Los desarmaron y los tiraron al suelo, devorándolos aun disparándolos a quemarropa. Nos dejaron en ventaja y entramos como una jauría. Cada persona que nos hacía recordar lo infelices que éramos, morían entre gritos y sufrimiento, y eso, me recordó a una de mis pocas y próximas víctimas. Recorrí el hotel, hasta llegar a la piscina, y ahí lo vi, sonriendo como antes, a los clientes. Ese que me abrió los ojos a la desdichada relación que tenía, le cobré mi sufrimiento con una buena propina. Agarré su cuello y le tiré a el agua de la piscina y, mirándole con odio, y sin esperar para hacerle sufrir más de la cuenta, le arranqué su camisa y le enterré mis desgarradas y sucias uñas en su estómago, recorriendo y rasgando cada tejido de su estómago, cubriendo los átomos de cloro con su propia sangre y, antes de que sus ojos palidecieran de muerte, agarré sus testículos y lo desmembré con tanta fuerza que pude ver cómo, hasta sus intestinos, tocaron mis sucias manos y, sin acabar aún, enterré sus gónadas en su putrefacta boca, haciéndolo morir de la forma más desquiciada. Después de esa gran satisfacción, lo único que podía pensar es en, subir las escaleras del hotel, y llegar a la habitación donde nos hospedamos. Subí lo más rápido que pude y golpeé la puerta con un extintor cercano, desplomando la seguridad. No había nadie ni nada. Ni una simple nota, ni una camiseta en el armario, pero, era normal después de tanto tiempo transcurrido. Bajé de nuevo las escaleras y salí del hotel, recostándome en la hierba que rodeaba la instalación. ¡¡¡ ¿Qué vas a hacer Luna?!!! .Me pregunté una y otra vez sin respuesta.

Mi piel más podrida. Ya no era grisácea como antes, se estaba volviendo verdosa y casi negruzcas en algunas partes de mi cuerpo. Me estaba volviendo más lenta e inútil: ya no contaba con dos brazos y mi equilibrio era fugazmente controlable. Pensaba que mis días estaban contados, pero solo era algo que no sucedía por desgracia.Pasaron varios días y aún seguíamos en los alrededores del hotel: Había demasiada comida que no podía ser desperdiciada. Mi alimento por esos días fue ese desgraciado que cambió mi vida. Lo comí lentamente y me supo delicioso. No me dolió enterarme que mi novio es homosexual, sino, que nunca me lo dijo ni me apartó de su vida cuando yo le daba todo mi amor y apoyo. Me consideraba una persona bastante abierta de mente y que podía perdonar. Me enfurecí porque me mintió y porque eligió el mejor regalo que me habían dado en mi vida, para hundirme en sollozos. Aunque, aun así, deseaba verlo y abrazarlo una vez más.Bueno, como decía, seguíamos cerca del hotel, evitando a los militares y las balas y despojando a varias personas de su vida. Mientras, unos hombres en las calles aledañas, pegaban unos papeles naranjas en la pared. No les puse atención, hasta que nos acercamos horas después. Arranqué uno de esos papeles y lo leí más de cerca e intentando traducir lo que en ellos ponía.Era un número de teléfono de cierto hospital, donde se expondrían cuerpos para poder reconocerlos y darles sepultura.No sabía dónde se localizaba el hospital pero con el número creo que podría hacer algo para saber la dirección .Aún quedaban tres días para la exposición de los cuerpos y tendría tiempo de llamar antes.  El día siguiente transcurrió con la búsqueda de móviles en el hotel. La mayoría estaban con la batería agotada y otros, empapados en sangre y destrozados a mordiscos por compañeros demasiado hambrientos. Busqué en las habitaciones, hasta que en una de ellas, encontré lo que necesitaba: Cargado y en buen estado. Solo faltaba ver si tenía saldo. Agarré el papel arrugado donde estaba el número del hospital y apreté como pude las teclas.  Como un sonido perfecto se escucharon los tonos de la llamada y suspiré profundamente. No sabéis que satisfacción sentí en ese preciso momento, que hasta las lágrimas mojaban mis mejillas. Cinco tonos y respondieron. Un buzón de voz contestaba y me preguntaba que deseaba. Pulse el botón deseado y una música, que antes me habría podido parecer odiosa y frustrante, ahora me pareció música tocada por ángeles. Tardaron más de cuatro minutos, hasta que un operador contestó a mi llamada. Me preguntó que deseaba y acerqué mi aparato infantil al micrófono del móvil. Era en japonés obviamente, pero más o menos apreté dicho artilugio diciendo esto: Deseaba saber doouunde puedouuu encountrar el houspital, para ver si algún familiar ha fallecidouu. Maldita “o” me hacía parecer estúpida o que jugaba con los sentimientos de otros. El operador, me dijo donde se encontraba el hospital y lo memoricé en los pedazos de cerebro que aún me quedaban en mi podrido cráneo. Ahora solo faltaba encontrar dicha calle en esa inmensa ciudad. El hospital era el Sendaiteishin y ahí debía ir.Después de esa noche, me volví en un saco de ansias. Hacía tiempo que no encontraba nada de luz en los días y ahora, todo eran planes en mi cabeza. Pero. ¡¡¡¿Qué haré al llegar?!!!.Eso aún estaba por ver. No sabía ni como entraría sin ser vista. No tenía ni pasaporte, así que en un papel del hotel, escribí mi nombre y mi nacionalidad lentamente, para que no pareciera que lo hubiera escrito un niño de cinco años, con problemas de epilepsia. Lo guardé en mi rasgado pantalón y proseguí mi camino y ahora iría sola.Solo podía salir de noche para que ningún humano me pudiera ver y mis esfuerzos fueran vanos, a la vez que no quería ser golpeada o muerta a manos de alguna persona. Lo malo de deambular en la oscuridad, es que los edificios todos parecían iguales. Sin alumbrado era complicado distinguir colores o nombres. Vagaba cerca de las paredes de cada edificio y lejos de calles estrechas evitando toparme con algo.Cuando el sol acariciaba las partes más altas de los edificios, buscaba basureros o casas deshabitadas para ocultarme y, desde los restos de comida podrida o edificios llenos de silencio, contemplaba la ciudad fantasma. Cuando no se oían pasos o el pánico me dejaba caminar, salía hasta la mitad de la calle para mirar mejor. Tenía tanto miedo que solo había podido recorrer en más de diez horas, tan solo unos seiscientos metros. No hallaba el dichoso hospital por ningún lugar, pero aun así no me desesperaba. Debía de seguir buscando costara lo que costara. Era mi escapatoria a tanta tragedia si es que la podía haber. No miento si digo que pensé muchas veces en decaer y tirarme a las llamas de algún edificio o ponerme en la trayectoria de alguna bala. Pero más que eso, solo quería verle a él o llegar a mi hogar, a mi país y descansar. Es raro que echara de menos a mi pareja y no a mi familia. En todo este tiempo no había pensado en mis padres ni en mi querido hermano. Tal vez, el dolor, el ego y la soberbia me pudo más que la añoranza: Morriña como dicen donde proviene mi padre. No he tocado mucho ese tema tampoco, porque esto no es una biografía, sino la historia de lo que aconteció en ese viaje. ¡¡¡¿ Deseas saber más de mí?!!!. ¡¡¡¿ No te basta con saber que me convertí en un ser despreciable e inhumano que solo desearía verte indefenso para robarte los pedazos más sabrosos de tu cuerpo?!!!. Bueno, está bien, pero lo sabréis en su momento. Mientras proseguiré con la historia si me dejáis un poco en paz.Empezó a anochecer y solo quedaban menos de veinticuatro horas para llegar. Me levanté y corrí por las calles lo más rápido que pude. Esta vez, no me detenía el miedo, solo tenía prisa. Una calle cortada y a la izquierda un callejón: justo lo que no quería. Después del callejón se entreveían luces azules y blancas. Suspiré y corrí aún más rápido y casi llegando a la luz, tropecé. Algo agarraba mi pierna y al intentar ver que me detenía, unos ojos color perla me miraban con odio. Solo se oía su sonido desgarrador que escapaba por su boca que aún no se percibía, por la oscuridad de donde nos encontrábamos. Arrastré mi cuerpo, mientras esa mirada me penetraba y su mano agarraba mi pierna, para poder alcanzar más luz y poder ver que estaba pasando con más claridad. Ahí la vi: era la mujer que siempre acompañaba a Yian, intentando paralizar mi huida. No sé si quería cobrarse todo lo que paso en el pasado pero algo tramaba. Agarré una pieza de metal que se encontraba cerca de mí y le di en su repugnante rostro, escuchando aún más alto, su odioso sonido. Golpeaba con fuerza, pero no soltaba mi pierna. ¡¡¡Maldito saco de huesos!!!. Me levanté como pude y la arrastré por el pavimento hasta que algo me freno de golpe. Yian estaba encima de la mujer, pisándola la cabeza y la espalda como si se tratará de una tabla de surf. Le miré con compasión como antes lo hice y apoyo su bota con más fuerza en el cráneo de la mujer, haciendo desfilar ante mí un gran chorro de sangre y pedazos de su masa gris. Solo con el peso de su pierna, se desprendió de su compañera. Agarró la mano que aún me sostenía y la soltó. En ese momento corrí de nuevo hacía la luz, pero en unos pocos metros de nuevo me freno. Me agarró del cuello con demasiada fuerza y me levanto del suelo haciendo notar su fuerza y poder. Giró mi cuerpo hasta mirarme a los ojos y me miró con furia. No entendía nada. Me acababa de salvar de una pelea contra su compañera y ahora me tenía equivocada con sus gestos y la fuerza de su agarre. Como pude, saqué el papel del bolsillo de mi pantalón y se lo entregué con lo que me soltó el cuello y caí con fuerza al suelo. Lo leyó e hizo una mueca en su rostro, como sonriendo. Agarró el papel y me lo lanzó a la cara con desprecio. Me agarró de la espalda y me guio por el callejón hasta llegar hasta la luz.